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Praedicatho homélies à temps et à contretemps
Homélies du dimanche, homilies, homilieën, homilias. "C'est par la folie de la prédication que Dieu a jugé bon de sauver ceux qui croient" 1 Co 1,21

#homilias en espanol

La caridad menospreciada del Profeta (Lc 4, 21-30)

Walter Covens #Homilías en español
4 TOC ev
    Al día siguiente de la fiesta de la conversión de San Pablo, recordábamos a San Tito y a San Timoteo. Es a Timoteo a quien Pablo escribe la carta en que encontramos las palabras que me inspiraron el título del blog preferido de ustedes : Homilías a tiempo y a destiempo :
Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, corrige, exhorta con paciencia y con preparación doctrinal.(…) Tú estate siempre alerta, soporta con paciencia los sufrimientos, predica el evangelio, cumple bien con tu trabajo (2 Tm 4, 2 ; 5 ; cf. antífona del Magnificat del 26 de enero).

    Es lo que podríamos llamar la caridad del profeta o la caridad de la ortodoxia.

Vendrá un tiempo en que ya no soportarán la enseñanza sólida. (…) Se negarán a oír la verdad para volverse hacia los relatos mitológicos. (v.3a…4)

    ¿Quién mejor que Jesús aplicó la consigna de San Pablo ? ¿No es acaso el primero de los evangelizadores? Usando este término, tal vez yo les haga pensar en uno de esos famosos “televangelistas” americanos que llenan salas inmensas donde la gente está cómodamente sentada en sillones acolchados. Sus oficios son transmitidos costosamente por canales de televisión, no sólo en los EE.UU. sino también por el mundo entero.

    Ahora bien, S. Lucas nos enseña a Jesús fracasando rotundamente dentro de la sinagoga de Nazaret. Sin embargo, nos lo presenta como el modelo de los evangelizadores. Un « evangelizador fracasado ». Esta manera de proceder es tanto más desconcertante, que no se trata pues, de un episodio aislado, una especie de excepción a la regla. Es un episodio que de por sí es un programa.

    El mismo propósito del tercer Evangelio es ser una especie de manual del evangelizador perfecto. Eso fue sugerido en una tesis de doctorado presentada en el Instituto Bíblico Pontifical por un estudiante norteamericano, quien demostró que todos los fragmentos propios de Lucas se inspiran probablemente de un grupo de evangelizadores que estaban recorriendo la región de Israel y de Siria (cf. la homilía del domingo pasado : la formación de los evangelios) y del que S. Lucas formaba parte, casi con seguridad. Es la razón por la cual Lucas prolongó su Evangelio por los Hechos de modo que diera una serie de ejemplos de evangelización, en seguimiento de Jesús, en la Iglesia de los primeros tiempos.

    Desde el principio, y no sólo al final de sus vidas, estos jóvenes evangelizadores en ciernes sufrieron persecusiones : primero la de los judíos, luego la de los romanos. Y, sin embargo, S. Pablo, que sabía algo de persecusiones escribió : « vendrá un tiempo… » O sea que piensa en un provenir distinto del presente y del pasado. Eso da que pensar.

    ¿Qué es de hoy en día ? Nunca la Iglesia ha sido tan perseguida. En ningún momento de la historia de la Iglesia ha encontrado la Buena Nueva semejante oposición. Nunca ha habido tantos mártires derramando su sangre por el Evangelio. Pero, en los países llamados « libres », esta oposición es más solapada. Por ejemplo, se opone de buena gana, explícita o implícitamente, consciente o inconscientemente la ortodoxia (la doctrina justa) a la ortopraxia (los actos justos), quitándole valor a la primera y agregándole valor a la segunda. Benedicto XVI notaba al respecto que

El que sigue la doctrina justa aparece como un ser de corazón estrecho, inflexible, potencialmente intolerante. Todo dependería en definitiva de la acción justa, cuando siempre se podría cuestionar la doctrina. Los frutos de la doctrina sería lo único importante mientras que las vías por las que uno efectúa la acción justa serían secundarias.

    Decía Voltaire que Dios no existe pero que no hay que decirlo mucho, pues la religión puede servir para mantener el orden en la sociedad. Sacaba de la fe únicamente lo útil : los valores cristianos, como decimos hoy en día. Eso desemboca en definitiva en un humanismo ateo, en una caridad sin Dios y finalmente en contra de Dios. Fue lo que dio lugar al marxismo y al ateísmo práctico. Luego de la muerte del Abate Pierre, y en medio del ambiente de entusiasmo de los medios de comunicación y de la opinión pública por su persona y por su obra, estuve pensando mucho en eso. El mismo día de su muerte, publiqué un artículo sobre el tema en el que escribía lo siguiente :

Acabamos de enterarnos de la muerte del Abate Pierre, plebiscitado por los franceses, después de Zinedine Zidane (¡Vaya !), como la figura más querida de Francia. ¡Algo increíble para un cura católico ! Su audiencia era mucho más importante que la de cualquier obispo –hasta de cualquier cardenal de Francia. Su acción en favor de los pobres es incuestionable. Sin embargo, porque es cura (digo « es », pues uno lo es por la eternidad), las trompetas de la fama del Abate Pierre están muy mal embocadas.

    Y yo recordaba, pues, las posiciones del Abate Pierre en favor de la adopción por homoxesuales (¡pero no en favor de la homosexualidad !), de la contracepción, del matrimonio de los curas, del sacerdocio de las mujeres y contra la obligación de la eucaristía de los domingos, contra los dogmas de la Inmaculada concepción y de la Asunción de la Virgen María, contra el Santo Padre y su manera de dirigir la Iglesia. Todo eso en nombre de la caridad. « ¡Qué juicio más severo ! » contestaron algunos. No tan severos como los suyos, contesté. Un juicio « a destiempo », claro que sí. Pues yo no he oído muchas voces que trataban de matizar el concierto de alabanzas. Sólo fue al final de la semana cuando pude leer una opinión que iba en el sentido en el que yo había escrito :

Una tendencia a la desconfesionalización que estuvo presente dentro de la misma obra del Abate Pierre. Sin pretender emitir juicio al respecto, permítannos sin embargo subrayar a la hora del fallecimiento del apóstol moderno de la caridad que el humanismo, por estimable que sea, no necesariamente toma la medida más última del hombre y sea lo que fuere, la historia futura siempre buscará en la revelación el sentido más determinante de la eminente dignidad de los pobres, ya que está asociada íntimamente a la caridad de un Dios vivo (Gérard Leclerc).

    Algunos cristianos en Francia, muy comprometidos en el anuncio del Evangelio, se sienten más o menos marginados y se alegran de la popularidad del Abate Pierre. También echan de menos el contenido de mi artículo. Así pues, alguien me escribe por correo electrónico :

    En estos tiempos, está de moda en todos los medios de comunicación el hablar mal de los católicos en todas ocasiones. Por una vez teníamos una figura católica – mediática — reconocida por la prensa… Es verdad, la Iglesia, por su parte no tiene buen cartel. Cuando los medios parecen hacer una excepción por una figura que a ellos les parece « carismática », la tentación de seguir el movimiento es grande… ¿Acaso no somos víctimas de la nostalgia de cierto triunfalismo, a pesar de todo lo que nos deja entrever Jesús ? ¡Ay de vosotros cuando os alaben todos lso hombres ! Así alababan sus padres a los falsos profetas (Lc 6, 26)

    Y en el pasaje del Evangelio de hoy :

Nadie es profeta en su tierra.

    Jesús es tajante : NADIE. ¡Qué difícil es oír eso ! Para los habitantes de Nazaret, lo que era difícil de oír, es que la salvación no sólo era para ellos, sino para la multitud, para los paganos también. Para nosotros, lo que es difícil de oír es que la salvación que es para la multitud, sólo está bien recibida por una minoría. A los habitantes de Nazaret les hubiera gustado tener el monopolio de Jesús. Nosotros quisiéramos que todos aplaudieran al verlo pasar. La minoría nunca está de moda, pues la moda consiste justmaente en hacer (y ser) « como todo el mundo ». ¡Ah, si de repente, por no sé qué milagro, las muchedumbres de hoy se pusieran a gritar : « Alabad al que viene en nombre del Señor », en vez de : « crucifícalo, crucifícalo »… Si de un día para otro, los medios empezaran a cantar un himno de alabanza de la Iglesia católica, como lo hicieron para el Abate Pierre. No es nada prohibido desearlo y rezar para eso. Sin embargo, hay que ver si su « alabad al que viene » sería motivado por la acogida de la salvación por el pecador o por el cálculo del provecho por el consumidor. Pues, es algo ampliamente conocido : la religión hace vender …como las nalgas.

    El Cardenal Newman escribía :

Todo el contenido de las Sagradas Escrituras, en efecto, nos lleva a creer que Su verdad (= la del Cristo) no tendrá buen recibimiento ante un gran número de personas, porque va en contra de la opinión pública y de los sentimientos del mundo. Aún cuando fuera recibida por un hombre, sería negada por lo que queda en él de su vieja naturaleza, exactamente como sucede con los demás hombres que no la recibieron. La luz que resplandece en medio de las tinieblas » (Jn 1, 5) es el signo de la verdadera religión.

    La última parte de la cita nos recuerda que los primeros interesados somos nosotros mismos. Jesús está constantemente puesto en minoría, no sólo por el conjunto de los hombres, sino en medio de esos a los que llamamos « los feligreses » y por « el hombre viejo » que está dentro de cada uno de nosotros. Por eso, hay que desconfiar tanto de nuestro entusiasmo por Jesús (¿Cuál Jesús ?¿El de nuestros sueños o el « que era, que es y que será » ?) como del entusiasmo efímero de las muchedumbres. Cito una vez más a Newman :

Aunque, sin duda alguna, hay períodos en que brota de repente el entusiasmo en favor de la verdad, dura poco semejante popularidad : ella llega repentinamente y desaparece enseguida, sin tener crecimiento regular ni duradero. Sólo el error crece y es generalmente acogido por una mayoría… En efecto, la verdad tiene en sí tanto poder que obliga al hombre a proclamarla con palabras, pero cuando éste se prepara para actuar, en vez de obedecer a la verdad, la substituye por cualquier ídolo.

Sigue entonces un pasaje que podríamos aplicar textualmente a lo que acabamos de vivir en Francia después del fallecimiento del Abate Pierre :

Por consiguiente, cuando, en un país, se habla mucho de religión, cuando se felicita la gente de que ella interese a todos, una mente bastante sabia tendrá que interrogarse sobre si no estamos rindiéndole homenaje a algún substituto, en vez de rendirlo a Él, si no son las ilusiones de los hombres antes que la verdad de la palabra de Dios, los que hacen nacer semejante popularidad, si la forma recibida no tiene más verdad en sí que la que puede ser aceptada por la razón y por la conciencia, si en definitiva, no es Satanás, disfrazado de ángel de luz, el que hace tantos discípulos, en vez que la misma luz.

    Newman, ¿por qué asombrarse de ello ?, también era un profeta cuya caridad fue menospreciada. En todo caso, a Jesús, quien vino para darles una casa a todos los que no tienen vivienda (la casa del Padre), darles pan a todos los hambrientos (el de la Palabra, de la Eucaristía y de la voluntad del Padre), darles libertad a todos los presos que somos (la libertad de los hijos de Dios), a ese Jesús, los suyos lo llevaron « a la cima dle monte sobre el que estaba edificada la ciudad para despeñarlo ». A ese Jesús, muchos exégetas de hoy lo reducen al Cristo de la fe, una mera invención piadosa.

    « Al final de nuestra vida seremos juzgados sobre el amor » (S.Juan de la Cruz), repetimos con buena gana. Pero, ¿de qué amor se trata ? Claro que no se trata de un amor sin Jesús ni de un amor en contra de la Iglesia. (¿Por qué un obispo, también conocido por su actitud « anti-conformista » se dignó acusar a la Iglesia de querer « recuperar » al Abate Pierre después de su muerte ?) La caridad, la debemos también a los pobres que son Jesús y la Iglesia, su Esposa. Todo lo que hagamos en contra de Él y en contra de su Esposa, lo haremos en contra de la caridad. Todo lo que hagamos de « caritativo » sin Jesús y sin la Iglesia está condenado a desaparecer, antes que la fe y la esperanza.

    En la Iglesia antigua, según hacía notar Benedicto XVI, la ortodoxia no significaba « para nada la doctrina justa, sino la auténtica adoración y glorificación de Dios ». Y sigue :

Estábamos convencidos de que todo dependía del hecho de ser justos en la relación con Dios, de saber lo que le agrada y cómo podemos responderle de manera justa.

    Por esa razón fue que Israel respetó la ley : ésta indicaba cuál era la voluntad de Dios ; ella indicaba cómo vivr rectamente y cómo honrar a Dios de forma justa : cumpliendo con su voluntad, que hacía reinar el orden en el mundo, y abriéndole éste a su trascendencia. Se trata de la alegría nueva de los cristianos que, a partir de Cristo saben finalmente cómo Dios debe ser glorificado y cómo, así precisamente, le mundo se vuelve justo. Durante la nochebuena, los ángeles habían anunciado que las dos cosas corrían parejo : »Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama » (Lc 2, 14). La gloria de Dios y la paz en la tierra son inseparables. Donde Dios está excluido, la paz se desmorona en la tierra, y no hay ninguna ortopraxia sin Dios que pueda salvarnos.

    Oyendo las palabras del Evangelio de hoy , justo después de las de San Pablo en su himno a la caridad, no podemos dejar de preguntarnos : « por qué no es amado el Amor ? » (San Francisco de Asisis) Es indiscutiblemente porque todo lo que se hace en nombre del amor no es amor, sino amor en apariencia, nada más. Es indiscutiblemente porque todo lo que se hace realmente en nombre del amor no es reconocido como siendo verdadero amor.

Otra pregunta a la que no escapamos, es la siguiente : ¿Por qué el amor es tan difícil de amar ?, ¿Por qué hay tan poca gente que lo ama ? y sobre todo : ¿Por qué lo amamos nosotros tan poco ? ¿No será porque cuesta trabajo admitir que en nombre mismo del amor, echamos a la calle y precipitamos hacia abajo al que es el único en poder abrirnos las puertas de la Casa del Padre ? Sin embargo, aquí está la Buena Nueva :

¿Qué significa, pues, lo que está escrito :
La piedra que los constructores
desecharon
ésa ha venido a ser la piedra angular (Lc 20, 17) ?


Traducción de Jean-Louis Joachim

Un evangelio fiable para una catequesis sólida (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)

Walter Covens #Homilías en español
3 TOC ev
    En mi homilía del domingo pasado, cuando meditamos a partir del episodio de las Bodas de Caná, tuve la oportunidad de insistir sobre el carácter a la vez histórico y simbólico del Evangelio de Juan. Hoy, en  el prólogo de su Evangelio, San Lucas da muestras de la misma preocupación por la precisión histórica, como lo recuerda al pricipio de los Hechos de los Apóstoles (Ac 1, 1) : Querido Teófilo : en mi primer libro traté todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el primer día…

    Asimismo, San Juan escribe (1  Jn 1, 1-3):
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos contemplado con nuestros ojos, lo que hemos visto y que nuestras manos han tocado es la Palabra, la Palabra de la vida. Sí, la vida se ha manifestado, la hemos contemplado y damos nuestro testimonio : os anunciamos esta vida eterna que estaba junto al Padre y que se ha manifestado ante nosotros. Lo que hemos contemplado y lo que hemos oído, lo anunciamos también a vosotros…

    Nuestra fe cristiana descansa en hechos históricos y no en fábulas, mitos. Está basada en la    Historia y no en « historias ». La Palabra se hizo carne y vivió entre nosotros (Jn 1, 14). La diferencia entre Juan y Lucas, es que Juan es testigo ocular. San Lucas, por su parte, no lo es, pero se  informó « cuidadosamente de todo desde los orígenes » con « los que, desde el principio fueron los testigos oculares y se convirtieron en servidores de la Palabra » para que todos pudieran darse cuenta de la « solidez de las enseñanzas » recibidas. San Mateo también es testigo ocular, mientras que el Evangelio de San Marco es el reflejo de la predicación de San Pedro.

    Hay que insistir en el carácter histórico del Evangelio de San Lucas, como de los otros tres, ya que la solidez de nuestra fe depende de ello. Hoy en día, es de buen tono oponer el « Jesús de la fe » al « Jesús de la historia ». El « Jesús de la fe » no tendría casi nada que ver con el « Jesús de la historia », a propósito del cual aseguran que no podemos saber mucho. El « Jesús de la fe », por su parte, no tiene nada que ver con la ciencia y, según dicen, no tiene credibilidad.

    Esta oposición es peligrosa, pues acarrea la ruina de la fe cristiana. Según una encuesta, la mitad de los franceses están convencidos de que la existencia misma de Jesús es dudosa, cuando ella es una de las más atestiguadas. No tenemos  documentación histórica abundante sobre ningún personaje de la Antigüedad. Sin embargo, dudamos de la existencia de Jesús cuando no se le ocurriría a nadie dudar de la existencia de Julio César. Este hecho da que pensar, pero no es fortuito. Es el resultado de múltiples intentos de destruir la fe, con unos best-sellers « que se suceden por decenas desde finales del siglo XVIII  hasta  hoy en día. Véase el reciente Da Vinci Code…

    El colmo es cuando la fe de los creyentes  va a remolque de la crítica de los no creyentes, como si, en vez de llamar a unos expertos para dictaminar sobre el valor de una obra de arte o una pieza musical se llamara a unas personas ciegas o sordas. Los Evangelios fueron escritos por personas creyentes y para personas creyentes y hace falta un mínimo de fe para entenderlos.

    Las sospechas pasan. El Evangelio queda. (R. Laurentin).
    Hoy en día, las palabras iniciales del Evangelio de San Lucas son, pues, más importantes que nunca. Si las olvidamos o las descuidamos, nuestra fe cristiana ya no descansa en bases sólidas y se derrumbará tarde o temprano.

Eso, en efecto, es importantísimo : nuestra religión no sólo es una « ideología » más, es decir una sistematización siempre cuestionable de ideas, tan lindas como queramos. Se origina en hechos sorprendentes pero comprobados y atestiguados –toda la sucesión de los Evangelios lo demostrará- es la vida, la muerte y la resurrección     del Cristo. Y de eso, todo el « cristianismo » no hará más que sacar consecuencias (A. Feuillet).
    Para comprenderlo hay que tener una idea bastante precisa de la manera como los Evangelios llegaron hasta nosotros.

1. Como punto de partida están Jesús y los acontecimientos de su vida. No se trata de ideología sino de acontecimientos, inscritos en la Historia. Esos acontecimientos tuvieron lugar « entre nosotros ». Eso no quiere decir que Lucas haya formado parte de los que rodearon a Jesús, sino que en el momento en que está escribiendo su prólogo, todavía quedan unos discípulos vivos.
    
2. Luego está el testimonio de los Apóstoles. De esos acontecimientos fueron los apóstoles «testigos oculares », no a hurtadillas sino « desde  el principio » o sea del Bautismo a la Resurrección.    

3. Por lo mismo, los que vieron se convirtieron en « servidores de la Palabra » desde     el Pentecostés. Ese el paso del ver al decir. Ese paso es de lo más lógico, dado que Jesús, al que vieron es la Encarnación de la Palabra. Por eso dirá Orígenes :

Está escrito en el Éxodo : « El pueblo verá la voz de Dios ». Claro que se oye la voz antes de verla. Pero eso fue escrito para enseñarnos que hacen falta otros ojos para ver la voz de dios y la ven los que tienen la posibilidad de verla. Pero en el Evangelio de San Lucas ya no es la voz la que se ve sino la Palabra : « los que la vieron y fueron servidores de la Palabra ». Y la Palabra es más que la voz. Los Apóstoles vieron la Palabra : no porque tuviera bajo los ojos el cuerpo del Señor Salvador sino porque vieron la Palabra. Si sólo se tratara de materia, Pilato hubiera visto la Palabra y también Judas y todos los que gritaron : « ¡Crucifícalo ! ». Ver la Palabra de Dios, el Salvador, explica lo que es : « El que me ve, también ve al Padre que me mandó ».

4. Ya que la tradición cristiana está sólidamente enlazada por esta Palabra de los apóstoles al mismo Cristo–Palabra, su papel es trasmitir lo que recibió de los testigos oculares. Y el primer trabajo, en este sentido, es el de « hacer una relación ordenada ». Aquí también esto es muy lógico ya que el tema de esta composición son los acontecimientos de la vida y la muerte de Jesús. El “valor añadido”, por decirlo así, es la « composición »,  una búsqueda de unidad entre diversos fragmentos, lo que, según dice San Lucas, varios se habían propuesto antes.

5. Esta tradición de la Palabra de Dios, encarnada en Jesucristo, repetida por los Apóstoles, va a encontrar su « com-posición » definitiva con el trabajo de los cuatro Evangelistas. San Lucas nos confiesa cuál fue su método : está basado en una información « cuidadosa » (« acribôs, a partir de la cual los científicos sacaron la palabra acribia,¡para designar una precisión científica » !) « de todo », pues tan precisa como posible, « desde los orígenes », es decir más allá del Bautismo de Jesús, de su infancia. Para eso, San Lucas se nutre de las fuentes no sólo las « relaciones ordenadas » que otros habían escrito antes que él, sino de « los testigos oculares », « los servidores de la Palabra » a los que pudo encontrar, sin excluir a la Virgen María y a los demás miembros de « la familia de Jesús ».

    Todo eso, « para ti, querido Teófilo », es decir para todos los discípulos venideros de Cristo, para que nos percatemos de la solidez de las enseñanzas (de la catequesis – es la palabra griega empleada por San Lucas) recibidas.

    Lo que yo les estoy diciendo ha sido confirmado por las investigaciones de ciento cincuenta años de exégesis intensa sobre la génesis de los Evangelios. Así pues, hay que cantar bien alto, contra vientos y mareas, la alabanza de la autenticidad de esos escritos esenciales para nuestra fe.
Pero el argumento más convincente en favor de la verdad histórica de los Evangelios es la experiencia que vivimos en nosotros mismos cada vez que estamos afectados profundamente por una palabra de Cristo. ¿Qué otra palabra, antigua o nueva, tuvo alguna vez semejante poder ? (R. Cantalamessa).

                            Traducción de Jean-Louis Joachim

¿Manifestación en Caná ? (Jn 2, 1-12)

Walter Covens #Homilías en español
2 TOC ev
 
 
    Después de la solemnidad de la Epifanía del Señor y después de la fiesta de su bautismo, ya, en este segundo domingo del tiempo ordinario (en realidad el primero) acabamos de escuchar el relato de las Bodas de Caná en el evangelio de San Juan. Es el único en contarnos este episodio que sitúa al principio del ministerio de Jesús. Tomando en cuenta este contexto litúrgico vamos a intentar meditar brevemente este misterio que se convirtió hace unos cuantos años en el segundo misterio luminoso del Santo Rosario.

    Existe, en efecto, un punto común entre estos tres misterios : el de la Epifanía, el del bautismo y el de Caná. ¿Cuál es ? La antífona del Cántico de Zacarías del oficio de las laudes de la Epifanía nos dará  indicaciones al respecto :
 
Hoy, la Iglesia está unida a su Esposo : el Cristo, en el Jordán la purifica de todas sus faltas, los magos traen sus regalos a las bodas reales, el agua se convierte en vino, para alegría de los comensales, ¡Aleluya !

    ¡Qué concisión y densidad más admirables ! Todo está dicho en pocas palabras. Resulta difícil lograrlo mejor. La antífona del Cántico de María (el Magnificat) en el oficio de las vísperas dice lo mismo de forma algo diferente :
 
Celebramos tres misterios en este día : hoy la estrella guió a los magos hacia el nacimiento ; hoy, el agua fue cambiada en vino en las bodas de Caná, hoy, el Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos, ¡Aleluya !

    La Epifanía, el Bautismo, las Bodas de Caná : estos tres acontecimientos son, desde luego, acontecimientos muy distintos en el tiempo (y el espacio). Sin embargo, hay una realidad (e insisto en lo de « realidad ») que permite decir para los tres al mismo tiempo : « hoy », como si fuera un único y mismo día. Esa realidad no es un hecho, pues se trata de tres hechos muy distintos. Entonces, ¿Qué es ? Tiene que ver con la significación de estos hechos, con su simbolismo. Pero ¡cuidado ! Hoy, cuando decimos « símbolo » o « simbólico », enseguida pensamos en « ficción » o « ficticio », un poco cuando decimos que alguien cedió un terreno en beneficio de una obra pía por un euro « simbólico ». El símbolo, en el sentido más fuerte de la palabra, no es una ficción.

    El símbolo es la realidad. Es incluso más real que el hecho bruto, por decirlo así, pues expresa la realidad profunda y es el único en poder expresarla. El lenguaje científico, al que estamos acostumbrados (es una costumbre...) no permite decirlo todo. Intenten decir en lenguaje científico, lo que sienten un joven y una joven cuando se enamoran el uno del otro. Por grandes que sean las competencias científicas de ustedes, estos jóvenes se quedarán muy insatisfechos, al escucharles a ustedes describiendo de esa manera lo que sucedió entre ellos, como si ustedes estuvieran viviendo en otro planeta. Pero si ustedes lo hacen como los grandes poetas, los dos enamorados acudirán a la librería más cercana para comprar el libro de poemas de ustedes, pidiéndoles que les pongan una dedicatoria.

    Me dirán ustedes :
- Sí, pero el autor del cuarto evangelio es un poeta que logró expresar una realidad profunda con un lenguaje lleno de imágenes. De acuerdo… Pero los hechos que cuenta no son históricos.

    Es verdad que un poeta talentuoso puede hablar de una historia de amor que inventó como si fuera una historia real, con mucho realismo, porque lleva a cierto marco lo que otras personas pudieron vivir en otros tiempos y otros lugares.

    Así pues, a propósito de las Bodas de Caná, un autor (J.Potin, Jesús, 1995) escribió :
 
Para Juan los milagros no son actos de potencia, como en los sinópticos, sino signos, o sea símbolos (…). El símbolo es más importante que la realidad de los hechos (…). Es imposible saber lo que realmente sucedió.
    Estoy de acuerdo con la primera parte de la cita. En lo que se refiere a la segunda, es verdad para los apócrifos, pero seguro que no para el Evangelio de Juan. Los apócrifos son relatos más o menos ficticios, fabricados de punta a cabo, « para las necesidades de la causa », para ilustrar una verdad fidedigna. Los disfrutan las personas adictas a lo maravilloso, quienes, leyendo los cuatro evangelios, se quedaron con las ganas, en particular por todo lo que se refiere al período de la infancia de Jesús. Esos escritos nos describen, por ejemplo, a la Santa Familia durante su huida a Egipto, alimentándose de las frutas de los árboles que se inclinaban ante ellos para permitirles cosecharlos. O al niño Jesús en Nazaret, cambiando a guijarros en pajaritos, justo para causar sensación entre sus amiguitos (cuando Juan nos dice que el primer signo de Jesús tuvo lugar en Caná).

    Pero no es así como Juan nos cuenta el episodio de Caná. No se debe olvidar que Juan forma parte de los primeros discípulos de Jesús, quienes eran cinco en las bodas de Caná, y que él fue pues un testigo ocular. No crea símbolos fuera de la realidad. Se ciñe a los hechos, cuyo sentido, milagroso u ordinario, penetra, incluso en el caso de l la Pasión, en que Jesús está clavado y traspasado por la lanza del centurión. Con Marcos, es el más realista de los evangelistas. Es un testigo discreto, modesto, anónimo y por eso, mucho más creíble.

    Dicho esto, intentemos ver ahora lo que tienen en común los tres acontecimientos de los que les habló y de los que hablan las antífonas de los cánticos evangélicos de la solemnidad de la Epifanía, como si se tratara de un mismo día.

    Se trata en realidad (eso sí hay que decirlo) de tres epifanías, de tres manifestaciones de la presencia de Dios en el mundo, y eso por medios sensibles. La razón de ser de la creación no es solamente satisfacer nuestras necesidades materiales : comer, beber, etc… E incluso, cuando ustedes comparten una comida, en familia o entre amigos, no es solamente para satisfacer necesidades « básicas ». Para una comida de fiesta ustedes van a acudir a un lenguaje simbólico para manifestar su sentido de la acogida, de la hospitalidad, de la convivencia… que no se comen ni tampoco se toman.

    Pues bien, Dios también nos habla mediante signos. Les habló a los Magos y a cada uno de nosotros  por una estrella que les permite a los paganos descubrir la presencia de Dios en el corazón de un niñito. Se habla después de una teofanía, una manifestación de  Dios en nuestro mundo.

    Otra teofanía : en el bautismo de Jesús, es la voz del Padre y la Paloma la que manifiesta el misterio de la Santísima Trinidad.
    En Caná, también, es una manifestación de Dios. Ya eso está indicado en el versículo 51 del capítulo primero : « os aseguro que veréis el cielo abierto y  a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el hijo del hombre ». es una teofanía anunciada, en futuro. En el  versículo 11 del capítulo 2 Juan precisa : « manifestó su Gloria ». Se cumplió la teofanía.

    « Manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él ». Eso, desde luego, no es más que el inicio de un largo camino que va hacia la Casa del Padre, pasando por la Cruz. Algunos quisieran no signos sino pruebas de la existencia de Dios. ¡ No ! Dios no se prueba. Se manifiesta, respetando nuestra libertad. Somos unos invitados en las Bodas del Cordero, no estamos « obligados » a nada. La prueba, al probar, nos obligaría. El signo, al manifestarse, nos invita. ¡ Cuidado con la pereza en medio de nuestra fe ! Claro que no nos corresponde cambiar  el agua por vino. Pero debemos creer que Jesús lo puede hacer y que lo hará, cuando lo quiera, es decir « hoy ». Este es nuestro primer trabajo. Ese es el trabajo en el que María sobrecumple y esa es su alegría. Pero nuestro trabajo es también sacar agua para llenar las tinajas, de « hacer todo lo que él (nos) diga » y que Jesús no lo hará por nosotros aunque eso pueda parecer totalmente inútil a nuestros ojos. Aquí también, es María nuestro guía, nuestro modelo.

    En la segunda lectura, San Pablo dice : Cada cual recibe el don de manifestar el Espíritu ». Cada uno de nosotros, haciendo todo lo que Jesús nos diga, está destinado a ser una « teofanía en actos ». La teofanía de la que nos beneficiamos todos, debemos hacer que los demás la disfruten, « para el bien de todos », dijo San Pablo. Invitado a las Bodas, debemos convertirnos en servidores en las bodas. Si cuando hay algo que hacer siempre son los mismos los que contestan, no es normal. En las Bodas de Caná, el que no hace nada es el que se desgasta. Se desgasta también el que quiere hacerlo todo solo. « Las funciones en la Iglesia son variadas, pero siempre es el mismo Señor. Son variadas las actividades, pero en todas partes es el mismo Dios el que actúa en todos ». Hay tantos invitados en las bodas y tan pocos sirvientes. Hay tanta agua que sacar para llenar las tinajas y tan poco vino. ¡Vamos, manos a la obra ! No hay vino y hay tantos  que todavía tienen sed y las Bodas acaban de empezar.

 
                            Traducción de Jean-Louis Joachim

LOS MAGOS O EL SECRETO DE LA ETERNA JUVENTUD (Mt 2, 1-12)

Walter Covens #Homilías en español
epiphanie ev
    Ustedes han podido notar que, en mis homilías, desde los tiempos del Adviento, he abordado el tema de la vida humana durante sus primeras etapas sucesivas (la vida del embrión, y la de los niños y adolescentes (Jesús a los 12 años). Celebramos hoy la Epifanía del Señor. Será la oportunidad de terminar este Tiempo de Navidad con los jóvenes.

    Epifanía significa « manifestación », « aparición ». Se manifiesta la gloria de Dios dentro de un pequeño niño, la Palabra hecha carne. Es una solemnidad. Entre nuestro hermanos de Oriente, ella corresponde incluso a nuestra Navidad. Como quien no quiere las cosas, las figuras de los magos del evangelio de esta solemnidad de la Epifanía del Señor, lejos de desempeñar un papel de sencillos figurantes, ocupan también un lugar importante en la vida de la Iglesia, en la vida cristiana de cada uno de nosotros.

    Sin embargo, sólo  el Evangelio de Mateo habla de los magos y no nos dice mucho sobre ellos. No dice ni de dónde vienen –excepto que vienen de « oriente » -ni cómo se llaman, ni cuántos son. Pero se dirige a unos judeocristianos perseguidos por los judíos y quiere enseñar que Jesús es de verdad el Mesías y que en las visitas de los magos se verifica la profecía de Isaías : « Las naciones caminarán en tu luz y los reyes en tu claridad naciente », así como el salmo 72 : « Ante él se rendirán todos los reyes, los reyes de Tarsis y de Sabá, le traerán presentes, le pagarán tributo ». Por eso la piedad popular, que no debemos menospreciar, los llamará los « Reyes » magos.

    Dirán que vienen de Persia. El simbolismo de los regalos fue rápidamente interpretado : el oro para la realeza de Jesús, el incienso para su divinidad, la mirra para su humanidad. Tertuliano (160-225) fue el primero que, según parece, hizo de ellos unos reyes. Orígenes (185-250) adoptó el número de tres. Sus nombres – Melchor, Baltasar y Gaspar — aparecen en el siglo VII. Unos orígenes étnicos diferentes les fueron  atribuidos en el siglo XV : el blanco Melchor, el amarillo Gaspar y el negro Baltasar simbolizan pues toda la raza humana. ¡Qué lección más bella de antiracismo ! Podemos ver en ellos también a los que reconcilian a la generaciones : también les representaron en las tres edades de la vida : la juventud, la edad madura y la vejez…

    Según algunas tradiciones, los magos hubieran sido bautizados por el apóstol Tomás. Traídos de Oriente a Constantinopla por Santa Elena (IV siglo), los tres cuerpos habrían sido transferidos a una iglesia en Milán. El arzobispo de Colonia obtuvo el derecho de recuperar esas reliquias para su catedral San Pedro. Una parte será restituida más tarde a Milán. Unos estudios demostraron que esas reliquias de Colonia datan de principios de la era cristiana y tienen pues una gran probabilidad de autenticidad.

    Regresemos a los jóvenes, ahora y recordemos que Juan Pablo II había convocado a los jóvenes del mundo entero a Colonia para las Jornadas Mundiales de la Juventud. Fue finalmente Benedicto XVI quien acudió por primera vez como papa a su patria. En aquella ocasión declaró :

    La ciudad de Colonia no sería la que es sin los Reyes Magos que tienen tanto peso en su historia, en su cultura y en su fe. Aquí, de cierta manera, la iglesia celebra la Epifanía  a lo largo del año. Por eso, antes de dirigirme a ustedes dentro de esta magnífica catedral, quise recogerme algunos instantes rezando delante del relicario de los tres Reyes Magos, para darle las gracias a Dios por su testimonio de fe, de esperanza y de amor. Salidas de Milán en 1164, las reliquias de los Magos, escoltadas por el arzobispo de Colonia, Reinald von Dassel, cruzaron los Alpes para llegar a Colonia donde fueron recibidas con grandes manifestaciones de alegría. Desplazándose a través de Europa, las reliquias de los Magos dejaron huellas evidentes, que aún subsisten hoy en los nombres de lugares y en la devoción popular.

    Para los Reyes Magos, los habitantes de Colonia mandaron fabricar el relicario más precioso de todo el mundo cristiano, como eso no bastaba, construyeron encima de él un relicario aún más grande, esta magnífica catedral gótica que, después de las heridas de la guerra, se ofrece otra vez a los ojos de los visitantes con todo el esplendor de su belleza. Con Jerusalén, « la ciudad santa », con Roma, « la ciudad eterna », con Santiago de Compostela en España, Colonia, gracias a los Magos, se ha ido convirtiendo a lo largo de los siglos en uno de los lugares de peregrinaje más importantes del Occidente cristiano.

    El tema escogido para esas jornadas – “Vamos a adorarlo”—tenía dos grandes imágenes. Primero había la imagen del peregrinaje (Vamos a adorarlo), la imagen del hombre quien, mirando más allá de sus propios asuntos y de lo cotidiano, se pone en busca de su destino esencial, de la verdad, de la justa vía, de Dios.  En una sociedad en que el poder adquisitivo es el rey, ¡ esta prioridad está en peligro !

    Esta imagen del hombre caminando hacia el objetivo de la vida tenía en sí otras dos indicaciones claras. Primero, había la invitación a no ver el mundo que nos rodea únicamente como la materia bruta con la cual podemos hacer algo, pero a tratar de descubrir en éste la « caligrafía del Creador », la razón creadora y el amor que dio vida al mundo y del que nos habla el universo, si estamos atentos, si se despiertan nuestros sentidos y adquieren la percepción de las dimensiones más profundas de la realidad. Como segundo elemento se añadía la invitación a ponerse a escuchar la revelación histórica que, sola, puede darnos la clave para leer el misterio silencioso de la creación indicándonos concretamente la vía hacia el Dueño del mundo y de la historia que se está ocultando detrás de la pobreza del establo de Belén.

    La otra imagen que se hallaba en el tema de la Jornada Mundial de la Juventud era la del hombre en adoración : « Hemos venido a ADORARLO ».

    Primero que cualquier actividad y cualquier transformación del mundo, debe haber la adoración. Sólo ella nos hace verdaderamente libres. Sólo ella nos da los criterios para nuestra acción. Precisamente en un mundo en que los criterios de orientación están empezando a faltar y en que existe la amenaza que cada cual haga de por sí su propio criterio, es fundamental subrayar la adoración.

    Para todos los que estaban en Colonia con motivo de las JMJ, el silencio intenso de un millón de jóvenes en el momento en que el Señor, dentro del Santísimo Sacramento fue llevado hasta el altar, sigue inolvidable.

La reacción contra un mundo sobreexcitado, que adolece de falta de silencio, un mundo sin rumbo, que adolece de falta de sabiduría, interviene en el éxito de las filosofías de extremo oriente. Pero, más profundamente, éste revela una sed de trascendencia contenida durante demasiado tiempo, de una búsqueda de tipo propiamente místico. A este respecto, es el síntoma de una carencia grave dentro del cristianismo occidental contemporáneo. Dado que éste no había propuesto lo mejor de su propia tradición espiritual, era inevitable que nos pusiéramos a buscar sucedáneos. ¿en cuántos medios cristianos, no se condena  a « la mística », en un sentido siempre peyorativo del término, como algo peligroso ? (Des bords du Gange aux rives du Jourdain, p. 5-6)

    No olvidaré nunca la amonestación del cura de la parroquia donde me desempeñé como vicario durante un año (¡era el primer año de mi sacerdocio !) : « Sabes, aquí, la gente no es mística ». Cuando tuve que irme para otra parroquia a donde me habían nombrado, una parroquiana me dijo : « ¡Señor Vicario, le doy las gracias ! Usted nos enseñó otra vez a rezar ». ¡Cuántas iglesias se ven donde no sólo los curas no exponen el cuerpo de Cristo para que lo adoren los feligreses, sino también que al entrar en una iglesia los católicos ya no hacen genuflexión y que durante la consagración se quedan de pie, por no decir sentados…

(…) En resumen, de tanto privilegiar el compromiso sociopolítico y la eficacia de la acción (esto también hay que subrayarlo, como reacción contra una época de « devociones » desconectadas de la realidad, caricaturas de una verdadera espiritualidad), en detrimento de la adoración contemplativa, dejamos que se murieran de sed nuestros hermanos, al lado de pozos cuidadosamente cerrados. Acudir otra vez a nuestras fuentes : ésta es la mejor manera de responder a las aspiraciones religiosas del hombre en Occidente (Des bords du Gange aux rives du Jourdain, p. 5-6).

    Escuchemos, pues, la advertencia de Isaías, antes que sea demasiado tarde para nosotros. Ya es demasiado tarde para tantos niños, tantos jóvenes, tantos adultos que se hundieron en la desesperación, luego la muerte, por falta de adoración (cf. el libro profético del p. Molinié, Adoration ou désespoir) : Porque este pueblo ha despreciado las plácidas aguas de Siloé, el Señor va a hacer subir contra ellos las aguas del río, caudalosas y torrenciales, por todos sus cauces se saldrá, se desbordará por todas sus riberas, y el despliegue de sus alas cubrirá toda la anchura de tu tierra (Is 8, 5-8)

    San Pablo precisa de cuál río se trata :
« El espíritu claramente dice que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe, dando oídos a espíritus seductores y enseñanzas diabólicas » (1 Tim 4, 1-2)

    Alicia Bailey en persona, sabiendo de qué se habla, confirmará a pesar suyo :
Lucifer es el que reina sobre la humanidad… por lo menos es la estrella que la guía y él es la estrella que está guiando el movimiento New Age actual.
    Cada cual tiene su estrella…

    En el libro Cristian response to the occult, Tom Poulson escribe :
Cualquiera que llegue a los niveles superiores de la francmasonería, verá que se trata de adoradores de Lucifer.

    Sí, como el millón de jóvenes presentes en Colonia pueden decirlo, Juan Pablo II daba en el blanco al escribir :
Debemos confesar que todos necesitamos de este silencio cargado de presencia divina (Orientale Lumen, 16)

    Sigamos como él y como ellos a los Magos para que nos enseñen el secreto de la eterna juventud, que también es el secreto de la « grandísima alegría » (Mt. 2, 10)


                            Traducción de Jean-Louis Joachim

Medios : Nueva llegada de pescado fresco (Lc. 5, 1-11)

Walter Covens #Homilías en español
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Hoy en Francia es el domingo de las Jornadas Cristianas de la Comunicación. Como lo hizo notar Mgr. Léonard :

La aventura del Evangelio empezó con una « comunicación ». Y la Iglesia arrancó con la utilización de los « medios » de la época : la predicación en vivo, la enseñanza, los escritos. Todo eso sigue actual. Pero otros « hechos » se están abriendo hoy para proclamar hoy lo que el Señor nos dijo quedo « al oído », hace ya 20 siglos.

Internet es uno de esos lugares nuevos donde puede estallar el anuncio de la fe, alimentar la reflexión, suscitar el diálogo.¡ Que Jesús y su Iglesia sean pues los muy bienvenidos a la « red » !

Este es también, modestamente, el objetivo de este blog. La « tela », es la red que Jesús les pide a los pescadores de hombres de hoy que echen. La palabra griega traducida al español por « pescador » significa capturar vivo. Eso nos recuerda que la Tela es también una red usada por los pescadores de la cultura de la muerte. De ahí la responsabilidad de los padres y los educadores en la utilización creciente de Internet por los niños y los  jóvenes. ¿Qué hiciste de tu hermano? Es la pregunta que le hace Dios a Caín después del asesinato de Abel. La pregunta que hace el Señor a los padres es : ¿Qué hiciste de tus hijos ?

Vayan pues a dar una vuelta a los sitios de tu infancia, CapitaNet, protégeles. Como para que se den cuenta ustedes del peligro mortal que corren sus hijos cuando les dejan navegar por la Tela sin vigilancia.
El texto del Evangelio de este domingo es apropiado par las Jornadas Cristianas de la Comunicación, pues trata de la pesca milagrosa y de la vocación de los Apóstoles. Escogidos por Jesús, los apóstoles son llamados para comunicar la Buena Nueva con confianza en Cristo, quien les dice :

« Tengan confianza, no tengan miedo ».

Los tres textos propuestos hoy son relatos de llamamientos que muestran bien que toda vocación es personal…

Isaías es purificado para su misión de profeta, justo antes de ser llamado. A Simón, se le llamará Pedro, en razón de su papel esencial en la Iglesia.A Pablo, lo escogen como apóstol, como enviado para transmitir y llevar la Buena Nueva a todos. El Señor coge y llama a cada cual por su nombre y le encarga una misión propia para el anuncio del Evangelio.

Todavía hoy, sigue escogiendo y llamando…

Transmitir… Desde hace unos años la Iglesia de Francia está preocupada por este aspecto esencial de su misión : en su « carta a los católicos de Francia » (1996), los obispos de Francia diagnosticaron una « crisis de transmisión generalizada » en nuestra sociedad. Ahora bien, la transmisión es algo esencial, vital para la Iglesia : es transmitiendo el Evangelio como suscita a nuevos creyentes… la Palabra de Dios de este domingo nos recuerda que cada cual es responsable, por su parte, de transmitir lo que recibió…y sin tardar para no esquivar nuestra vocación…

La transmisión de la Buena Nueva supone signos concretos de acogida, de reparto, de amor. Seguir al Cristo es tratar de amar a los demás como Él nos ama. Es revelar a todos los hombres un Señor lleno de ternura y llevarlos a él. Si el Evangelio es para nosotros verdaderamente la Buena Nueva que nos hace vivir, tenemos empeño en darlo a conocer, transmitiéndolo como un regalo de vida.

Este año, las Juventudes Cristianas de la Comunicación nos invitan a echar una mirada particular sobre los niños : « Los niños y los medios de comunicación, un reto para la educación ». Este es el tema. Para dar nuestro testimonio, los medios nos pueden ayudar. Ahí están para apoyar nuestra reflexión.

No vacilemos en intercambiar las buenas noticias, los libros buenos, los descubrimientos de un reportaje apasionante. No vacilemos tampoco en « estar atentos al desarrollo de herramientas cada vez más performantes : forman parte del universo de los jóvenes y de los menos jóvenes. Tienen una influencia sobre la forma de vivir, de pensar, de amar ; de crecer de trabajar. La comunicación, la verdadera, no es la herrameinta sino el mensaje. El reto es crear relaciones nuevas entre educación y medios para permitir a todo niño crecer y no padecer » (sacado del mensaje de Mgr Di Falco).

Un regalo sin par (Lc 2, 1-14)

Walter Covens #Homilías en español
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    Mientras yo estaba almorzando (a las dos de la tarde) este domingo, víspera de la Navidad, estaba mirando las noticias por televisión. Por supuesto, había un reportaje sobre la Navidad : unos niños a los que los periodistas preguntaban sobre lo que esperaban de Papá Noel. Hubo respuestas de todo tipo, como ustedes se imaginarán. Pero entre todas las respuestas, hay una que me llamó la atención : la de una niña que decía que de todas formas, en caso de que Papá Noel no le llevara regalo, ¡ haría un escándalo ! Era el último niño interrogado. Luego, la cámara enfocó otra vez a la presentadora del noticiero, quien, tras oír la respuesta de la niñita se sonreía y tenía una mirada enternecida. Me sentí enternecido. Me pregunté simplemente lo que sería de esta niña en el futuro, con esa mentalidad aparentemente ya muy arraigada de reivindicar sus derechos y quejarse si nada viene... y no asumir sus deberes y responsabilidades.

    Esta noche, con los cristianos del mundo entero, celebramos con alegría la Natividad de Nuestro Señor. El mundo incluso, celebra la Navidad a su manera. En Francia, un alcalde protestó contra el hecho de que habían instalado un belén en la plaza pública, cerca del Ayuntamiento. Publicó la foto en su blog y escribió: “busquen el error”. Entonces, encontramos la solución para festejar la Navidad “de manera laica” expulsando a Jesús y sustituyéndolo por Papá Noel. Eso no sólo está acorde con los dogmas del laicismo sino que además, resulta práctico  ya que Papá Noel, según parece, es el que lleva los regalos. En todo caso, eso es todo lo que le pedimos cuando él no nos pide nada. Mientras que Jesús, por su parte, llega desnudo y tenemos que vestirlo, alimentarlo, calentarlo. Es muy pobre y no nos trae nada... ¡ y nos lo pide todo ! Así, por lo menos es como nos representamos las cosas, con más o menos conciencia.

    Una fábula cuenta que un día Jesús regresó visiblemente a la tierra. Era en el tiempo en que Papá Noel no estaba aún muy de moda. Pero ya habíamos hecho del niño Jesús un distribuidor de regalos a todo lo que da. Era un día de Navidad y había muchos niños reunidos en una fiesta. Se presentó Él en medio de ellos. Los niños lo conocieron y lo vitorearon. Luego, uno preguntó qué regalo Jesús le había traído y todos los niños a su vez preguntaron lo mismo. Jesús no contestó, pero abrió los brazos...

    Aquí interrumpo el cuento. Jesús viene entre unos niños. Esos niños a su nivel, se expresan como adultos. Han sido contaminados por la mentalidad de los adultos, esa mentalidad que consiste en reivindicar para sí y que Juan Bautista quiso rectificar cuando la gente le preguntaba: “¿Qué debemos hacer?” Respuesta (a la muchedumbre): “ El que tiene dos vestidos, el que tiene con que comer... que comparta”; (a los publicanos): “No exijan nada más de lo que les imponen a ustedes”; (a los soldados): ... “confórmense con sus sueldos”.

    Pero hay otra cosa. Cuando esos niños contaminados por la mentalidad de los adultos ven a Jesús abriendo los brazos, ¿en qué piensan? ¿Cúal es su reacción inconsciente? No será la de decirse: “¿Qué es lo que nos va a pedir? ¡ No sólo no nos trae regalos, sino que nos va a pedir sacrificios ! Sigue, pues, la fábula. Un niño dice: “Miren, no nos ha traído nada. Mi papá tiene la razón cuando dice que la religión no sirve de nada, que ella no nos da nada, que no nos trae ningún regalo. Pero otro niño contestó: “Abriendo los brazos Jesús quiere decir que nos trae a sí mismo; Él es quien se entrega como nuestro hermano, Hijo de Dios para hacernos hijos de Dios como él”.

    La respuesta de este niño no es una fábula. Es exactamente lo que nos dice San Pablo en la carta a Tito (2ª lectura):” La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado”, dice. La gracia, es el regalo por excelencia, el regalo del Amor. Jesús dirá que no hay mayor que el de “dar su vida por los que queremos”. “Dar su vida”, eso quiere decir aquí, no sólo un hombre que da la vida por otro hombre. ¡ Es Dios quien nos da su vida de Dios, para hacernos partícipes de su divinidad !

    Ahora bien, a propósito de esta gracia inaudita, este regalo sin par, San Pablo nos dice que: “Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad”... “para hacer de nosotros su pueblo”, y precisa : “un Pueblo lleno de celo en la práctica del bien”.

    Entonces, sí que habrá sacrificios que hacer,  pero eso no es lo primero. Lo primero, es la gracia. La gracia es la obra de Dios, un maravilloso regalo y solamente debemos aprender a aceptarla. El resto viene después y se aprende poco a poco. Pues, la gracia nos enseña, nos instruye, nos transforma.

    Eso era lo que decía San Agustín, cuando él también se sintió espantado por las exigencias de la moral cristiana, sobre todo en materia de castidad. Pero, después de un largo combate interior, alumbrado por el Espíritu Santo, le dijo al Señor: “Señor, dame lo que quieras, pero dame lo que me pides”.

    Recibamos pues, la gracia de Navidad. Es Jesús quien se entrega. Es el Padre quien lo da, mediante el Espíritu Santo. Y dejémonos transformar por ella, con su imagen y su parecido y haremos, pues, la experiencia de la verdad de las palabras de Jesús, cuando decía: “Da más alegría el dar que el recibir”.

            Traducción al español de Jean-Louis JOACHIM

La Visitación : el « grito silencioso » de Juan Bautista

Walter Covens #Homilías en español
Voici donc la première homélie traduite en espagnol dans l'histoire de ce blog. Nous souhaitons la bienvenue à tou(te)s les internautes hispanophones qui, grâce à notre traducteur pourront venir se nourrir de la Parole de Dieu que le Seigneur a demandé aux Apôtres d'annoncer dans le monde entier.

Esta es la primera homilía traducida al español en la historia de este blog. Les damos la bienvenida a todo(a)s los internautas hispanohablantes, quienes podrán venir, gracias a nuestro traductor, a nutrirse de la Palabra de Dios que el Señor encomendó a los Apóstoles que anunciaran por el mundo entero.


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La Visitación : el « grito silencioso » de Juan Bautista

    Después de Juan Bautista – o mejor dicho antes que él – la gran figura del Adviento que nos ayuda a « preparar los caminos del Señor », es María. En las iglesias de rito bizantino, el iconostasio (un tabique que separa los lugares donde está el clero celebrando del resto de la iglesia) tiene tres entradas. La del centro está cerrada por una puerta de doble hoja, a la que llaman « la gran puerta real ». Da acceso al altar y presenta la imagen de la Anunciación con las de los cuatro evangelistas. En las dos puertas laterales se encuentran los arcángeles Miguel y Gabriel. A la derecha (al sur) de la gran puerta real está el ícono de Cristo bendiciendo. A la izquierda, la de la virgen María teniendo en brazos a Cristo. Al lado del ícono de Cristo se halla el de San Juan Bautista.

    En el Evangelio de este último Domingo de Adviento, asistimos al encuentro de alto nivel entre Jesús, llevado por María y Juan, el Bautista en cierne, todavía en el seno materno, en el vientre de Isabel, « la estéril », ya que había sido concebido seis meses antes de Cristo. Para comprender, en lo posible, este misterio de la Visitación, conviene detenernos algunos instantes en su dimensión humana. Me permito citar aquí al Padre Daniel-Ange, quien se refiere a su vez a un librito de Luc Lannoye : Le tout-petit, éditions Fidélité, 1997. Demuestra que « todos los descubrimientos sobre la vida del niño in utero echan una luz auténticamente conmovedora sobre el acontecimiento de la Visitación ».  Vean ustedes.

Pero, ¿ cómo es este pequeño Juan ? Al principio de este sexto mes, Juan tiene 25 centímetros y pesa 500 gramos. La sangre circula a ritmo acelerado por sus vasos sanguíneos. El corazon late rápido. Nadando en su brubuja, ya se está chupando el dedo. Responde a las estimulaciones táctiles cuando el padre palpa con delicadeza y vientre redondo ya de la madre. Desde hace algunas semanas, percibe con nitidez los sonidos del exterior. Sus minúsculas orejas bien formadas están como al acecho todo el tiempo.

Los experimentos psicofónicos con ultrasonidos demostraron cómo entre la décimasexta y la trigésimasegunda semana de gestación, el niño ya está reaccionando ante los diferentes sonidos, moviendo los ojos de sus pequeños párpados ya formados. Desde el cuarto mes, funcionan sus orejas. Como vive en el líquido amniótico, no necesita cojín de aire en el canal auditivo para proteger al tambor y el agua es un mejor conductor de sonido que el aire. Lo oye todo y ante todo los latidos sordos del corazón de la madre. Oye un ruido muy alto en el útero que es el sonido acompasado de la circulación sanguínea de su madre así como los ruidos de los nervios que transitan por sus intestinos. Pero también percibe todos los ruidos del exterior como un portazo o una música muy alta. Y reacciona ante todo ello. En pocas palabras, ya está organizado su mundo fónico.

A partir del séptimo mes, oye los componentes de las voces. A los pocos días de nacer, ya sabrá distinguir entre un idioma extranjero y el idioma materno al que ya oyó mucho tiempo, acostumbrándose a él. Tantos experimentos científicos han demostrado esta sensiblilidad del niño a los distintos sonidos : algún director de orquesta se asombraba de que conociese ya una partitura casi completa y que la estudiara con mayor facilidad que otras, como si se reuniera con algo que estaba en lo más hondo de su ser. Desde luego, se enterará el director de que la madre solía cantarle este tema al niño, cuando él todavía estaba in  sinu.

Sobre todo, a partir de este sexto mes, el niño está sensible al mismo contenido de los cantos y músicas. Alguna madre confiesa haber tenido que marcharse de una discoteca donde le hubiera gustado quedarse, porque dentro de ella el niño manifestaba rechazo a esa música violenta. El hard rock lo agita, una canción de cuna lo apacigua. A ese nivel ya está empezando a memorizar. Su inconsciente trama todo lo que está oyendo, todo lo que transcurre alrededor de su madre.

Unos científicos ingleses demostraron que un niño reconoce incluso las historias leídas por la madre. Un feto de cuatro a cinco meses siente perfectamente si la música es pacífica o agresiva. Se relaja escuchando a Vivaldi. El genial Yehudi Menuhin demostró que era posible conseguir por la música que vibrara al niño antes de nacer. Además, ya el niño tiene ultrasensibilidad con la luz : si un foco demasiado intenso apunta al abdomen de la madre, los latidos del corazón del niño se aceleran.

Desde principios del sexto mes, son sus primeros movimientos muy perceptibles, sus primeras degluciones. Está activo sobre todo por la noche, cuando está acostada la madre. Sus pulmones ya están formados, ya empieza a hacer algunos movimientos respiratorios.

    Belleza de la creación... Esplendor de la vida humana... Hoy en este campo, somos unos testigos privilegiados, ¡ con respecto a todas las generaciones que nos precedieron ! Nunca antes habíamos podido tener un conocimiento tan preciso de la vida del embrión y de su “grito silencioso”. Estoy aludiendo, pues, al filme realizado por el Dr Bernard Nathanson, ardiente promotor de la legalización del aborto en Estados Unidos, quien se arrepintió al ver la ecografía de un aborto, convirtiéndose desde entonces en un ardientre apóstol de la abolición de la legalización del aborto.

    En el episodio de la Visitación, existe también un grito silencioso, pero un grito de alegría, el de Juan, un embrión de seis meses. Luego, es el grito sonoro de Isabel, su madre, quien exclamó : "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

    ¿Cómo pudo Isabel oír el grito silencioso de Juan? Porque es un grito acompañado por un estremecimiento fuerte, por una danza ante el autor de la vida llevado por María, Arca de la Nueva Alianza, Tabernáculo de la Vida, custodia de la Presencia Real. Juan que oye la salutación de María, Isabel que percibe el estremecimiento de Juan : todo ello está confirmado hoy por la ciencia y debe suscitar nustra admiración, nuestro respeto ante el esplendor de la vida humana antes del nacimiento.

    Pero en vez de eso, preferimos taparnos los oídos, taparnos la cara. Aun cuando el feto percibe la luz y oye los sonidos desde el sexto mes, los mayores de este mundo (los adultos) se niegan a ver la luz, no quieren oír hablar a Dios ni de Dios. Nathanson sufrió calumnias. La verdad de su filme fue confirmada por la justicia  (25 de febrero de 1992). Eso no cambió nada : el 28 de diciembre de 1997 fue inaugurado en Francia  el primer “Memorial de los Mil millones” (mil millones de abortos según las estadísticas de la ONU). Hoy, en el momento en que les estoy hablando a ustedes, se cuentan más de 1.412 milliones de abortos desde el 22 de enero de 1973 (“Roe versus Wade”).

    ¿ Es o no es el aborto “un crimen abominable” ? Si lo es, lo tenemos que decir. Y hay que hacer más, hay que enseñarlo. El aborto no es una sencilla desaparición, es un crimen, según nos decía Juan Pablo II. Entonces, hay que enseñarlo. El impacto de las fotos es tan importante como el peso de las palabras.

    ¿ Notaron Ustedes que durante los debates televisivos sobre el aborto, no se ven más que adultos y niños? Los primeros interesados, los embriones, son los primeros ausentes de estos programas, cuando éstos tratan esencialmente de la suerte que se les reserva.
No los presentan nunca :

  • ni en las etapas sucesivas de su desarrollo,
  • ni en su estado de víctima,
ni en su combate por salvar su existencia.

    Ahora bien, aquí sobre todo no se puede hacer caso omiso de las imágenes.

¿ Acaso se prescinde de las imágenes en los reportajes sobre los campos de exterminación nazis, cuando son imágenes apenas soportables ?

¿ Acaso se prescinde de las imágenes en la presentación de algunos accidentes de tránsito, cuando se quiere avisar a los conductores para evitar semejantes catástrofes? Sin embargo, la protección de la vida que empieza bien vale la seguridad por las carreteras.

¿ Acaso se prescinde de las imágenes, cuando se quiere advertir a los jóvenes contra el uso de la droga, enseñando el estado de degradación a donde los lleva?

    Después de haber visto “El Grito Silencioso” del Dr Nathanson, Juan Pablo II declaró : “Tuve la oportunidad de ver semejante filme y todavía hoy no puedo liberarme de su recuerdo. No puedo liberarme.  Cuesta imaginar ese horrible drama con toda su elocuencia moral y humana” (4 de junio de 1991).

    No se trata de condenar a quien sea. Dios es el único juez, pero se trata de denunciar un escándalo que el silencio y las omisiones culpables tienden a hacer común. Unas mujeres de 20 a 30 años, después de haber sufrido el aborto, declararon “haber sido engañadas” en cuanto a su naturaleza. Les dieron a pensar que se trataba de la ablación de un tumor benigno. Podemos y debemos militar por el respeto a la vida, sin ser acusados de agresividad o maniqueísmo. No podemos, no debemos callar la enseñanza moral de la Iglesia, a no ser que nos reconozcamos como pecadores y nos dispongamos a ser juzgados por esta verdad. Los santos tienen esta humildad : “Señor, desconfía de Felipe, decía Felipe Neri, esta misma noche podría ser musulmán”. Nosotros también podemos decir : Señor desconfía de mí. Yo mismo(a) podría tener la tentación de abortar o de llevar a alguien (a mi hija, a mi amante) a abortar.

    Una reciente iniciativa (ver artículo anterior) invita a todo los sacerdotes de Francia a tocar a muerto el 28 de diciembre, día de los santos Inocentes, a las 6 p.m., antes del Ángelus. Ella pide también a todos los feligreses que inviten a sus párrocos a hacerlo. Hagamos este gesto simbólico, pero significativo, que intenta sensibilizar a la una opinión pública tan dura como piel de elefante, mediante nuestra plegaria, y, con motivo de las Navidades, démosle peso a nuestra plegaria aligerando nuestro monedero, en beneficio de tal o cual obra que se dedica a las madres en peligro. ¡ Salvar una vida no tiene precio ! Tal vez digan ustedes que eso no va a cambiar nada. Lo peor sería que algún día nos reprochen no haber actuado. Una cosa es cierta : con nosotros o sin nosotros, ¡ la Luz vencerá a las tinieblas !

                 Traducción al español de Jean-Louis JOACHIM

Estados Unidos redescubre la lengua madre: la latina

dominicanus #Homilías en español

Con cada vez más inmigrantes latinoamericanos, los católicos superarán pronto los cien millones de habitantes. Pero también la primera evangelización fue católica e hispánica. Una relectura notable de la historia y de la identidad estadounidenses, hecha por el arzobispo de Los Ángeles 

 

José H. Gómez

 

 

ROMA, 13 de setiembre de 2011 – Entre los nombramientos claves que han marcado la fase reciente del pontificado de Benedicto XVI, a la cabeza de diócesis importantes, no está sólo el de Angelo Scola en Milán, de Charles J. Chaput en Filadelfia, de Rainer Maria Woelki en Berlín, de André-Joseph Léonard en Malinas-Bruselas y de Timothy M. Dolan en Nueva York.

Está también el de José H. Gómez en Los Ángeles (en la foto).

Tres de los nombramientos citados remiten al liderazgo de la Iglesia Católica en Estados Unidos, que por cantidad y calidad es ya un país guía del catolicismo mundial.

Los católicos en Estados Unidos son hoy 77,7 millones. Pero con las dinámicas en curso se ha calculado que a mitad de siglo serán 110 millones.

Una de estas dinámicas es la migratoria. Ya hoy un católico sobre tres, en Estados Unidos, proviene de América Latina, habla español o portugués y frecuenta preferiblemente las iglesias donde encuentra fieles que también provienen del sur.

El actual arzobispo de Los Ángeles es él mismo uno de estos. Es mexicano, nativo de Monterrey. Es miembro del Opus Dei. Previamente ha sido arzobispo de San Antonio, en Texas.

Los Ángeles y San Antonio: dos nombres emblemáticos.

Porque mucho antes que arribaran los padres peregrinos anglo-protestantes a la costa este, una anterior evangelización, católica e hispánica, había ingresado a los actuales Estados Unidos desde el sur y desde el oeste, ya a partir del siglo XVI, dejando amplios rastros en las mismas denominaciones geográficas. 

Hoy, con las inmigraciones, otra oleada de católicos latinos está renovando el rostro de esta nación. Y trae a primer plano ese capítulo de sus orígenes, hasta hoy bastante abandonado. 

En una conferencia celebrada el pasado 28 de julio en el Napa Institute, en California, en el ámbito de la conferencia anual sobre los "católicos en la América que vendrá", el arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, ha querido sacar a la luz precisamente esta "pieza faltante" de la historia americana.

La tesis de Gómez es que Estados Unidos extravía su identidad nacional si olvida que sus raíces se hunden en la misión hispánico-católica en el nuevo mundo.

El arzobispo de Los Ángeles polemiza con las posiciones de Samuel Huntington, que en su último libro había definido incompatible con la cultura anglo-protestante de los padres fundadores el catolicismo latino de los nuevos inmigrantes. 

Es verdad lo contrario, sostiene Gómez: "Creo que nuestros hermanos y nuestras hermanas inmigrantes son la clave de la renovación estadounidense y todos sabemos que Estados Unidos tiene necesidad de una renovación económica y política, pero también espiritual, moral y cultural".

La que sigue es una síntesis de la conferencia, redactada por el mismo Gómez para "L'Osservatore Romano", que la ha publicado en su edición del 11 de agosto.

De su simple lectura se intuye el vigor "afirmativo" que distingue el magisterio de algunos obispos americanos recientemente nombrados, cuando hablan a los católicos y al país.

Sandro Magister

www.chiesa



LA INMIGRACIÓN Y LA AMÉRICA QUE VENDRÁ

por José Horacio Gómez



[...] Entre nuestros problemas actuales está el de haber perdido el sentido de la historia nacional de América. Cuando la conocemos, la conocemos de manera incompleta y si no conocemos la historia íntegra, terminamos por tener ideas erróneas sobre la identidad y la cultura estadounidenses.


Nuestra historia nacional


La historia de nuestro país que la mayor parte de nosotros conoce es la comenzada en Nueva Inglaterra. Es la historia de los peregrinos y del Mayflower, del Primer Agradecimiento y del sermón de John Winthrop en la "ciudad sobre la colina".

Es la historia de los grandes hombres como Washington, Jefferson y Madison. Es la historia de grandes documentos como la Declaración de la Independencia y el Bill of Rights. Es una bella historia. También es auténtica. Todo estadounidense debería conocer a estos personajes y los ideales y principios por los cuales han combatido. De esta historia aprendemos que nuestra identidad y nuestra cultura estadounidenses están arraigadas en ideas esencialmente cristianas sobre la dignidad de la persona humana.

Sin embargo, la historia de los Padres Fundadores y las verdades que consideraban obvias no es toda la historia de Estados Unidos. El resto de la historia comienza más de un siglo antes que la de los peregrinos. Comienza en los años veinte del siglo XVI en Florida y una veintena de años tarde en California.

No es la historia de un asentamiento colonial y de una oportunidad política y económica. Es la historia de exploración y de evangelización. Esta historia no es anglo-protestante, sino hispánico-católica. No tiene como centro a Nueva Inglaterra, sino a Nueva España, en los ángulos opuestos del continente.

De esta historia aprendemos que mucho antes que esta tierra tuviese un nombre, sus habitantes eran bautizados en el nombre de Jesucristo. Los habitantes de esta tierra fueron llamados cristianos mucho antes que estadounidenses, y fueron llamados así en español, en francés y en inglés.

De esta historia aprendemos que mucho antes que el Tea Party de Boston, los misioneros católicos celebraban Misa en el continente. Los católicos fundaron el más antiguo asentamiento estadounidense en Saint Augustine, en Florida, en 1565. Los misioneros inmigrantes llamaban a los ríos, los montes y los territorios de este continente con nombres de santos, sacramentos y artículos de fe.

Ahora damos por descontados estos nombres, pero nuestra geografía atestigua que nuestra nación ha surgido del encuentro con Jesucristo: Sacramento, Las Cruces, Corpus Christi, las Montañas Sangre de Cristo.

En el siglo XIX, el historiador John Gilmary Shea dijo de manera espléndida que en esta tierra se erigieron los altares antes que las casas: "Se celebraba la Misa para santificar la tierra y hacer descender la bendición del cielo antes de ponerse a construir una casa. El altar fue anterior a la casa".


La pieza que falta en la historia estadounidense 


Ésta es la pieza que falta de la historia estadounidense. Hoy más que nunca debemos conocer esta herencia de santidad y servicio, en particular en cuanto estadounidenses católicos. Junto con Washington y Jefferson, debemos conocer las historias de los grandes apóstoles de América. Debemos conocer a los misioneros franceses, como la madre Josefa y a los jesuitas Isaac Jogues y al padre Jacques Marquette, que vinieron de Canadá para llevar la fe a la mitad septentrional de nuestro país. Debemos conocer a los misioneros hispánicos como el franciscano Magin Catalá y el jesuita Eusebio Kino, llegados de México para evangelizar los territorios occidentales del sur y del norte.

Debemos conocer las historias de personas como el venerable Antonio Margil. Éste era un sacerdote franciscano y una de mis figuras preferidas de la primera evangelización en Estados Unidos. En 1683 Antonio dejó su país natal, España, para venir al nuevo mundo. Dijo a la madre que había tomado la decisión de venir aquí porque "millones de almas tenían necesidad de sacerdotes para disipar las tinieblas de la falta de fe".

La gente acostumbraba llamarlo "el padre volador". Caminaba sesenta y cuatro u ochenta kilómetros al día con los pies descalzos. Fray Antonio tenía un sentido verdaderamente continental de la misión. Construyó iglesias en Texas y en Louisiana, y también en Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y México.

Era un sacerdote muy valiente y amoroso. Escapó de la muerte muchas veces, amenazado por los nativos que había ido a evangelizar. Una vez enfrentó a una docena de indios con arcos y flechas. Otra vez casi fue quemado vivo.

Llegué a saber de fray Antonio cuando fui arzobispo de San Antonio, en Texas. Aquí predicó entre 1719 y 1720, fundó la misión de San José y hablaba de la ciudad de San Antonio como el centro de la evangelización de Estados Unidos: "Será el cuartel general de todas las misiones que Dios nuestro Señor establecerá" de tal modo que "a su debido tiempo todo este nuevo mundo pueda ser convertido a su santa fe católica".

Es ésta la verdadera razón de ser de América, si consideramos nuestra historia a la luz del designio de Dios para las naciones. Ésta fue la motivación de los primeros misioneros. El carácter y el espíritu nacional estadounidenses están profundamente signados por los valores evangélicos que ellos han traído a esta tierra. Estos valores son los que hacen tan especiales a los documentos fundacionales de nuestro país.

Aunque fundado por cristianos, Estados Unidos se ha convertido en la casa de una sorprendente diversidad de culturas, religiones y modos de vida. Esta diversidad prospera justamente porque los fundadores de nuestra nación han tenido una visión cristiana de la persona, de la libertad y de la verdad humana.


El Credo estadounidense


Gilbert Keith Chesterton ha dicho que "Estados Unidos es la única nación al mundo fundada sobre un credo", reconociendo ese credo como fundamentalmente cristiano. El credo estadounidense de base es que todos los hombres y todas las mujeres son creados iguales y que Dios les ha dado su derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

Toda otra nación ha sido fundada sobre la base de un territorio y una pertenencia étnica comunes - lazos de tierra y consanguineidad. Por el contrario, Estados Unidos está basado sobre este ideal cristiano, sobre este credo que refleja el sorprendente universalismo del Evangelio. En consecuencia, la nuestra ha sido siempre una nación de nacionalidades."E pluribus unum". Un pueblo hecho de personas de muchas naciones, razas y creencias. 

En el transcurso de la historia, han surgido siempre problemas cuando hemos dado por descontado este credo americano, o bien cuando hemos buscado limitarlo de alguna manera. Por esto es esencial que hoy recordemos la historia misionera de América y nos dediquemos de nuevo a la idea de su credo fundante.

Si olvidamos que las raíces de nuestro país se fundan en la misión hispano-católica del nuevo mundo, terminamos por tener ideas distorsionadas sobre nuestra identidad nacional. Terminamos con la idea que los estadounidenses descienden solamente de europeos blancos y que nuestra cultura se basa solamente en el individualismo, en la ética del trabajo y en el Estado de derecho que hemos heredado de nuestros antepasados anglo-protestantes. 

En el pasado, cuando ha sucedido esto, ha llevado a esos episodios en nuestra historia de los que estamos menos orgullosos: el maltrato de los nativos americanos, la esclavitud, brotes recurrentes de nativismo y anticatolicismo, el confinamiento de americanos japoneses durante la segunda guerra mundial, las desventuras del "destino manifiesto".

Es verdad, las causas de estos momentos de nuestra historia son mucho más complicadas, pero en el fondo considero posible rastrear un factor común, es decir, una noción errónea según la cual los "verdaderos estadounidenses" pertenecen a una raza, una clase, una religión o una etnia particular.


¿Un nuevo período de nativismo?


Temo que en los debates políticos de hoy en día sobre la inmigración estamos entrando en un nuevo período de nativismo. La justificación intelectual de este nuevo nativismo fue formulada hace algunos años en el influyente libro "Who are we?" [¿Quiénes somos?], de Samuel Huntington, de Harvard. En este texto el autor ha expresado una serie de argumentaciones aparentemente sofisticadas, pero cuya tesis fundamental era que la cultura y la identidad estadounidenses están amenazadas por la inmigración mexicana. 

Según Huntington, la identidad estadounidense auténtica era "el producto de la específica cultura anglo-protestante de los colonos fundadores de Estados Unidos en los siglos XVII y XVIII", mientras que los valores de los mexicanos estaban arraigados en una "cultura fundamentalmente incompatible de catolicismo" que no atribuye valor a la capacidad de iniciativa ni a la ética del trabajo, alentando más bien la pasividad y la aceptación de la pobreza.

Se trata de viejas y familiares argumentaciones nativistas, fáciles de refutar. Se podría evidenciar la gloriosa herencia de la literatura y del arte hispánicos, o los resultados alcanzados por estadounidenses mexicanos e hispánicos estadounidenses en los sectores de los negocios, de gobierno, de la medicina y en otros ámbitos. Lamentablemente, hoy escuchamos ideas similares a las de Huntington difundidas por la televisión por cable y por debates radiofónicos y, a veces, también por algunos de nuestros líderes políticos.

No quiero negar que existan diferencias significativas entre los supuestos culturales hispano-católicos y anglo-protestantes, pero considero que este tipo de pensamiento fanático deriva de un conocimiento incompleto de la historia estadounidense. Desde el punto de vista histórico, ambas culturas reivindican justamente un lugar en nuestra historia nacional y en la formación de una identidad estadounidense y de un carácter nacional auténticos.


Hacia un nuevo patriotismo estadounidense


Creo que los católicos estadounidenses tenemos hoy el deber especial de ser los custodios de la verdad sobre el espíritu estadounidense y sobre nuestra identidad nacional. Creo que nos espera ser testigos de un nuevo tipo de patriotismo estadounidense.

Estamos llamados a expresar todo lo que existe de noble en el espíritu estadounidense. Estamos llamados también a desafiar a cuanto reducen o disminuyen la identidad auténtica de Estados Unidos. Desde que llegué a California, pienso mucho en el beato Junípero Serra, el inmigrado franciscano que llegó de España, vía México, para evangelizar este gran Estado.

El beato Junípero amaba a las poblaciones nativas de este continente. Aprendió las lenguas locales, hábitos y creencias. ¡Tradujo el Evangelio, las oraciones y las enseñanzas de fe para que cada uno pudiese escuchar las obras poderosas de Dios en su lengua original! Acostumbraba hacer la señal de la cruz sobre la frente de las personas y decirles: "¡Amad a Dios!".

Éste es un buen modo de entender nuestro deber de católicos en la cultura presente. Debemos encontrar una modalidad para traducir el Evangelio de amor para nuestros contemporáneos. Debemos recordar a nuestros hermanos y a nuestras hermanas las verdades enseñadas por el beato Junípero y por sus hermanos misioneros, esto es, que todos somos hijos del mismo Padre celestial, que para él no existen grupos raciales o nacionalidades "inferiores" o menos dignas de sus bendiciones.

Los católicos deben conducir a nuestro país a un nuevo espíritu de empatía. Debemos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a comenzar a considerar a los extranjeros que habitan entre nosotros por lo que son realmente y no en base a categorías o definiciones políticas e ideológicas arraigadas en nuestros miedos.

Esto es difícil, lo sé. Sé que es un desafío particular ver la humanidad de esos inmigrantes que están aquí ilegalmente. Sin embargo, la verdad es que poquísimas personas "eligen" abandonar la propia tierra. La emigración es casi siempre impuesta a las personas por las condiciones misérrimas de vida en la que se encuentran. 

Para la mayor parte, los hombres y las mujeres que viven en Estados Unidos sin documentos apropiados han viajado por centenares e inclusive por miles de kilómetros. Han dejado todo a sus espaldas, han puesto en peligro la propia seguridad y la propia vida. No lo han hecho por sí mismos o por intereses egoístas. Lo han hecho para alimentar a sus seres queridos, para ser buenas madres y buenos padres, para ser hijos e hijas amorosos.

Estos inmigrantes, independientemente de la forma en que hayan llegado hasta aquí, son personas llenas de energías y de aspiraciones. Son personas que no tienen miedo al trabajo duro o al sacrificio. ¡De ninguna manera son como los describe Huntington y también otros! Estos hombres y estas mujeres tienen valentía y otras virtudes. La abrumadora mayoría de ellos cree en Jesucristo y ama a nuestra Iglesia Católica, comparte los tradicionales valores estadounidenses de fe, familia y comunidad.


Inmigración y renovación estadounidense


Es por esto que creo que nuestros hermanos y hermanas inmigrados son la clave de la renovación estadounidense y todos sabemos que Estados Unidos tiene necesidad de una renovación económica y política, pero también espiritual, moral y cultural. Creo que los hombres y las mujeres que llegan a este país aportan a nuestra economía un espíritu empresarial nuevo y joven de duro trabajo. Creo también que contribuyen a renovar el alma de Estados Unidos.

En su último libro, "Memoria e Identidad", Juan Pablo II ha escrito: "la historia de todas las naciones está llamada a tomar su lugar en la historia de la salvación". Debemos mirar la inmigración en el contexto de la exigencia de renovación de Estados Unidos. Debemos considerar tanto la inmigración como la renovación estadounidense a la luz del designio salvífico de Dios y de la historia de las naciones.

La promesa de Estados Unidos es que podamos ser una nación en la que hombres y mujeres de toda raza, credo y formación nacional puedan vivir como hermanos y hermanas. Cada uno de nosotros es hijo de esa promesa. Si trazamos las genealogías de casi todos en Estados Unidos, las líneas de descendencia nos llevarán más allá de nuestros límites, a alguna tierra extranjera de la que cada uno de nuestros antepasados ha llegado originariamente.

Esta herencia es ahora para los católicos estadounidenses un don y un deber. Estamos llamados a brindar nuestra contribución a esta nación en la forma en la que vivimos como ciudadanos nuestra fe en Jesucristo. Nuestra historia nos muestra que Estados Unidos nació de la misión de la Iglesia para las naciones. El Estados Unidos que vendrá será determinado por las elecciones que hagamos como discípulos cristianos y como ciudadanos estadounidenses. Con nuestras actitudes y nuestras acciones, con las decisiones que tomamos, estamos escribiendo los próximos capítulos de la historia de Estados Unidos.

Que Nuestra Señora de Guadalupe, madre de América, nos conceda la valentía de la que tenemos necesidad para hacer lo que nuestro buen Señor nos pide.



El Instituto californiano en el que el arzobispo de Los Ángeles ha pronunciado la conferencia:

> Napa Institute

Y el diario vaticano que el 11 de agosto ha publicado una síntesis:

> "L'Osservatore Romano"


Los datos principales de una investigación del Pew Forum sobre la inmigración latinoamericana en Estados Unidos:

> Benedicto XVI en Brasil. Mientras tanto los "latinos" invaden el Norte(9.5.2007)




Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.

Desde las praderas a la costa atlántica. Los nuevos obispos de los Estados

dominicanus #Homilías en español

Luego de Scola a Milán, Chaput a Filadelfia. Paso a paso, los nombramientos de Benedicto XVI remodelan el liderazgo en los países guías del catolicismo mundial. Una entrevista al nuevo electo

 charles j. chaput

 

ROMA, 19 de julio de 2011 – El nombramiento, hecho público hoy, de Charles J. Chaput a nuevo arzobispo de Filadelfia es un ulterior paso adelante en el camino recorrido por Benedicto XVI para remodelar a su criterio el liderazgo de la Iglesia Católica en Estados Unidos.

Chaput, de 67 años de edad, nacido en una familia campesina de Kansas, perteneciente a la tribu piel roja de los Prairie Band Potawatomi, franciscano de la Orden de los Capuchinos, desde 1997 era obispo de Denver, en Colorado. Y antes lo había sido de Rapid City, en Dakota del Sur. Su llegada a la cima de una de las diócesis más antiguas y tituladas de la costa atlántica de Estados Unidos es una novedad también desde el punto de vista geográfico. 

Que Chaput fuese candidato a una sede episcopal importante estaba en el aire. Pero todavía a fines del pasado mes de junio su destino previsto era otro, a Chicago, como coadjutor con derecho a sucesión del arzobispo a cargo, el cardenal Francis E. George, penúltimo presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

Hasta el 30 de junio, para Filadelfia – en lugar del cardenal Justin F. Rigali, próximo al retiro por haber superado el límite de edad – en la Congregación vaticana para los Obispos el candidato número uno era el actual obispo de Louisville, Joseph E. Kurtz.

Chaput era de todos modos el segundo de la lista. Y luego de él venían el obispo de Bridgeport, William E. Lori, y el de Atlanta, Wilton D. Gregory.

Aparte del último, también él en el pasado presidente de la Conferencia Episcopal y clasificado entre los progresistas fervorosos, los otros dos eran, como Chaput, "ortodoxos afirmativos", muy decididos en la afirmación de la presencia de la Iglesia Católica en la sociedad, sin compromisos ni disoluciones.

Pero al final la Congregación para los Obispos ha optado por Chaput en lugar de Kurtz, prefiriendo promover rápidamente al primero a Filadelfia, en lugar de esperar que el cardenal George deje libre a Chicago para él, dentro de un par de años.

El sábado 2 de julio, recibido en audiencia por Benedicto XVI, el prefecto de la Congregación, el cardenal Marc Ouellet, ha entonces propuesto el nombramiento de Chaput, que el Papa ha aprobado de buena gana. 

Con Chaput en Filadelfia, sede tradicionalmente honrada también por el capelo cardenalicio, el vértice del episcopado de Estados Unidos está así cada vez más firmemente ocupado por personas que están muy en sintonía con el papa Joseph Ratzinger y que son conocidas y estimadas por él.

Basta citar, entre éstos, al arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, y al de Los Ángeles, José H. Gómez, éste último vinculado con Chaput a través de una fuerte amistad.

Desde el otoño pasado Dolan es también presidente de la Conferencia Episcopal. Para su elección, en el voto final, han sido determinantes los votos reunidos anteriormente por el mismo Chaput.

Luego del anuncio público del nombramiento, el 19 de julio, el nuevo arzobispo de Filadelfia ha concedido su primera entrevista a www.chiesa, que en el pasado ya ha dado eco a sus intervenciones.

Aquí la presentamos a continuación. En un cierto punto Chaput menciona, sin citar, las últimas líneas de una novela de Thornton Wilder, "El puente de San Luis Rey", ganador del Premio Pulitzer en 1928.

Son las palabras que la abadesa de un convento de Lima, en Perú, dice moviendo los hilos de toda la historia (la del colapso de un puente que se derrumba arrastrando a la muerte a algunas personas, y la posterior investigación de un fraile franciscano que busca una respuesta sobre el por qué se muere):

"Hay una tierra de los vivos y una tierra de los muertos, y el puente es el amor, el único sobreviviente, el único significado".

Sandro Magister

www.chiesa

 



"UN NUEVO TIPO DE TIERRA DE MISIÓN"

Entrevista con Charles J. Chaput



P: Usted vino a Roma el 29 de junio para asistir a la ceremonia de imposición del palio a su amigo José Horacio Gómez, nuevo arzobispo metropolitano de Los Ángeles. El año que viene usted tendrá que ir a Filadelfia. ¿Usted estaba esperando esto?
 
R: El arzobispo Gómez es un buen amigo desde los días que servíamos juntos en Denver. No creo que nadie pueda "esperar" una responsabilidad como conducir la Iglesia en Los Ángeles o Filadelfia. Pero de alguna manera el arzobispo Gómez debe haber sido una elección lógica para el Santo Padre, a causa de sus capacidades y antecedentes. No estoy seguro que eso sea cierto respecto a mí. 
 
Todavía estoy procesando mi designación para la diócesis de Filadelfia. En cierta forma es irreal. Viví y enseñé en Pennsylvania durante años, cuando era sacerdote. Fue una época muy feliz en mi vida. Pero todo mi ministerio como obispo ha transcurrido en el oeste de Estados Unidos, en Dakota del Sur y en  Colorado. El estilo de vida de la Iglesia allí es de alguna manera diferente al del estilo del Este, pues es más directo e informal; es menos clerical. Yo podría darle a usted tres o cuatro buenos motivos que expliquen por qué soy una elección poco plausible para un lugar como Filadelfia, la cual es realmente una de las grandes ciudades de Estados Unidos con una gran historia católica. Pero yo no tomo esas decisiones, las toma el Santo Padre. Confío en su juicio, y estoy muy agradecido por esta confianza.
 
P: La impresión sería que Benedicto XVI, al elegirlo personalmente, espera de usted grandes cosas. 
 
R: Pienso que él espera de mí lo que espera de de cada uno de sus hermanos obispos: la humildad y valentía para servir bien a la Iglesia local; predicar a Jesucristo sin perturbaciones; y profundizar la fe del pueblo. La Iglesia no se define según sus problemas, éstos deben ser reconocidos y tratados con honestidad, y todo aquel que ha sido lastimado por personas que representan a la Iglesia merece el respaldo y la asistencia especial de la comunidad católica. 
 
Pero el carácter de la Iglesia en todas partes y en cada época está determinado por la calidad de sus sacerdotes y de su pueblo. La Iglesia en Filadelfia tiene una frondosa reserva de bondad. He conocido y trabajado con sacerdotes de Filadelfia, y los admiro mucho. Un obispo debe ser un hermano para sus sacerdotes, no sólo de palabra, sino en forma sustancial, y yo haré todo lo que pueda para estar presente con los hombres que comparten el don del sacerdocio. He tratado de hacer eso en Denver. Esta diócesis tiene un gran presbiterado, muchos hombres realmente buenos, y sé que lo mismo es verdad de Filadelfia.
 
He tenido el beneficio, a través de mi sacerdocio, de muchas amistades laicas y de colegas. Supongo que es en parte por mi personalidad y en parte por mi formación capuchina. De cualquier manera, estoy dispuesto a encontrarme con el pueblo en las parroquias de Filadelfia. Es allí donde reside verdaderamente la vida de la Iglesia. Tengo mucha confianza en la capacidad y buena voluntad de los fieles laicos, en Filadelfia y en todas las demás diócesis.
 
P: Parece que una nueva camada de obispos se está consolidando en Estados Unidos, ni "liberal" ni temerosa del mundo, ortodoxa pero “proactiva”. ¿Usted es uno de ellos?
 
R: Espero ser lo que Dios quiere y lo que la Iglesia local necesita. Los etiquetamientos son engañosos, ya que dan a las personas una excusa para no pensar. 
 
P: "Es mejor ser rechazado que ignorado", como dijo alguna vez el cardenal Camillo Ruini?
 
R: Bien, supongo que es cierto. El cardenal Ruini es un gran hombre de Iglesia con una comprensión muy aguda de la naturaleza humana. Pero es todavía mejor ser "efectivo y olvidado". Todos nosotros seremos olvidados de alguna manera, por eso debemos también ser efectivos. El único que debe acordarse de nosotros es Dios, y lo único que en definitiva importa es ser efectivo en el modo que amamos. 
 
Desde hace pocos años vuelvo a leer las últimas líneas de la novela de Thornton Wilder, "El puente de San Luis Rey". Démosles una ojeada. Merecen ser investigadas.
 
P: Los católicos son una cuarta parte de la población que reside en Estados Unidos. ¿Cuánto impacto provocan en la sociedad, en la cultura y en los medios de comunicación?
 
R: Los católicos han desempeñado un gran rol en la configuración de Estados Unidos, desde Charles Carroll – el único firmante católico de la Declaración de la Independencia – en adelante. Pero ello no ha sido fácil. Estados Unidos nunca ha estado realmente cómoda con el contenido de la creencia católica. Los católicos han intentado ser aceptados por las corrientes dominantes estadounidenses en proporción inversa a la forma seria que ellos viven su fe. Obviamente, hay una gran cantidad de excepciones a esa regla, pero con demasiada frecuencia esto sigue siendo cierto.
 
P: ¿Y en la política?
 
R: Especialmente en la política. Robert Casey, el ex gobernador de Pennsylvania, es uno de los más grandes héroes. El país podría utilizar una mayor cantidad de hombres y mujeres, católicos como él, en el servicio público.
 
P: El arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, quien es también presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, tiene una presencia muy habitual en los medios de comunicación. Usted también escribe, debate e inclusive confronta con las autoridades políticas. En Europa esto sería llamado la "interferencia" de la Iglesia, y algunos protestarían.
 
R: Europa está modelada, en parte, por las Guerras de Religión, así como también por el legado de la Revolución Francesa, su anticlericalismo y su desconfianza básica respecto a la religión. Esa es una carga que la mayoría de los estadounidenses no comprenden. La Revolución Americana fue una criatura diferente, y tuvo lugar en un ambiente profundamente cristiano protestante. Muchos de los Padres Fundadores fueron cristianos. John Courtney Murray observó una vez que inclusive cuando los estadounidenses no creen, lo que ellos profesan es una forma amistosa de desinterés. La viva hostilidad a la religión que se encuentra en Europa es ajena a Estados Unidos. O al menos lo ha sido hasta hace poco. 
 
P: En comparación con Europa, Estados Unidos me parece mucho más religioso. ¿Es realmente así? ¿O el desierto de la incredulidad también avanza allí?
 
R: En la superficie es verdad. Los estadounidenses están generalmente mucho más inclinados a la fe religiosa que los europeos. Y eso no es algo superficial. Muchos millones de estadounidenses toman en serio su fe y practican sinceramente su cristianismo. No se puede entender realmente a Estados Unidos fuera de sus raíces influidas por el cristianismo. 
 
Pero hay un pragmatismo en el modo de ser americano, una base de materialismo y de capacidad de adquirir que trabaja contra el Evangelio. Por eso una gran cantidad de estadounidenses tienen el hábito de creer sin entender todo lo que ello implica y sin permitir que su fe configure realmente sus vidas.
 
P: ¿Cómo describiría usted al catolicismo en Estados Unidos? ¿Cuáles serían sus características distintivas? 
 
R: Siempre ha sido una fe inmigrante, minoritaria. Eso explica su vigor y su extrema disponibilidad para asimilar y concordar. La cultura estadounidense tiene una gran capacidad para homogeneizar y asimilar a los recién llegados. Eso no es totalmente malo. Estados Unidos es fundamentalmente una nación de inmigrantes, pero eso puede desembocar en una población con creencias descoloridas.
 
P: La "nueva evangelización" es uno de los programas claves del papa Benedicto. ¿Es también válida para Estados Unidos? ¿Con qué características específicas?
 
R: Denver es casi un ícono para la “nueva evangelización”. Es un mérito suyo que mi predecesor en Denver, el cardenal J. Francis Stafford, haya visto eso muy claramente. Denver es un ambiente profundamente secular: educado, joven, moderno, de mentalidad independiente, con una historia de débiles raíces religiosas. Es una nueva especie de territorio de misión, con muchas personas que o bien no se interesan por la cuestión religiosa, o bien piensan que ellos son “post-cristianos” sin encontrarse realmente alguna vez con el Evangelio. En general, Estados Unidos se está orientando en esa dirección. Evangelizar ese ambiente será la tarea de la próxima generación de creyentes.
 
P: En el "atrio de los gentiles" en Estados Unidos, ¿hay no-creyentes con quienes hay un diálogo fructífero y amistoso? ¿Podría usted mencionar algunos nombres?
 
R: Estoy seguro que hay muchas personas como esas, pero otros obispos están mucho más experimentados que yo en esa clase de diálogo. 
 
P: ¿Quiénes son sus "maestros" de referencia, aquéllos que más han influido en usted?
 
R: San Agustín y san Francisco. Usted no puede encontrar a nadie mejor que ellos.
 
Estoy profundamente agradecido al padre Ronald Lawler, O.F.M. Cap., quien me enseñó filosofía en la universidad. Él produjo un gran impacto en mi forma de pensar. Cuando yo estudiaba teología como seminarista, aprendí muchísimo del padre Robert McCreary, O.F.M. Cap., quien también produjo el mismo impacto significativo en mi vida y en mi forma de pensar. 
 
En términos de liderazgo de la Iglesia, como joven sacerdote capuchino, tuve un gran respeto y reverencia por el papa Pablo VI, y todavía le rindo honores como uno de mis héroes. Y por supuesto, estoy profundamente agradecido tanto al papa Juan Pablo II como al papa Benedicto por sus extraordinarios magisterios y por su vigor apostólico. 
 
P: ¿Qué es lo que más le impresiona del magisterio del papa Benedicto?
 
R: El genio coherente de su pensamiento – realmente no sé cómo lo sustenta -- y el desarrollo orgánico de su vida, desde ser perito en el Vaticano II hasta su servicio actual como Papa. 
 
P: ¿Y respecto a su estilo para guiar a la Iglesia?
 
R: Vengo de una pequeña diócesis muy lejana a Roma. No puedo imaginar las cargas transportadas por este o por aquel hombre en la Cátedra de Pedro. Sé muy bien que Benedicto XVI es un gran pastor y un gran discípulo de Jesucristo; es un hombre que conoce el sentido del sufrimiento y que aún así irradia la alegría del Evangelio. El "estilo" correcto para cualquier sacerdote es vivir in persona Christi. Yo pienso que Benedicto encarna lo que esas palabras significan en una forma verdaderamente conmovedora.



El último discurso del arzobispo Chaput publicado por www.chiesa:

> Cuando el tribunal del mundo condena a la Iglesia por herejía (25.8.2010)

Su crítica al modelo kennedyano de relaciones entre la Iglesia y el Estado:

> ¿La doctrina del católico Kennedy? Mejor olvidarla (2.3.2010)

Un manifiesto emblemático de la nueva línea "afirmativa" de los obispos estadounidenses, firmado por Chaput, Dolan y otros: 

> La "Declaración de Manhattan": el manifiesto que remece Estados Unidos(25.11.2009)

Uno de los momentos de confrontación crítica entre Chaput y el actual presidente estadounidense:

> El hacha del obispo sobre Obama. Y sobre la curia vaticana (8.10.2009)

La recensión del libro de Chaput "Render Unto Caesar", sobre la misión de la Iglesia Católica en la sociedad:

> De qué modo los católicos deben hacer política. El memorando de Denver(13.8.2008)


Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.

BENEDICTO XVI, “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37)

Walter Covens #Homilías en español
MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2007

“Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37)



¡Queridos hermanos y hermanas!

“Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37). Éste es el tema bíblico que guía este año nuestra reflexión cuaresmal. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la Cruz consuma el sacrificio de su vida para toda la humanidad (cf. Jn 19,25). Por tanto, con una atención más viva, dirijamos nuestra mirada, en este tiempo de penitencia y de oración, a Cristo crucificado que, muriendo en el Calvario, nos ha revelado plenamente el amor de Dios. En la Encíclica Deus caritas est he tratado con detenimiento el tema del amor, destacando sus dos formas fundamentales: el agapé y el eros.

El amor de Dios: agapé y eros

El término agapé, que aparece muchas veces en el Nuevo Testamento, indica el amor oblativo de quien busca exclusivamente el bien del otro; la palabra eros denota, en cambio, el amor de quien desea poseer lo que le falta y anhela la unión con el amado. El amor con el que Dios nos envuelve es sin duda agapé. En efecto, ¿acaso puede el hombre dar a Dios algo bueno que Él no posea ya? Todo lo que la criatura humana es y tiene es don divino: por tanto, es la criatura la que tiene necesidad de Dios en todo. Pero el amor de Dios es también eros. En el Antiguo Testamento el Creador del universo muestra hacia el pueblo que ha elegido una predilección que trasciende toda motivación humana. El profeta Oseas expresa esta pasión divina con imágenes audaces como la del amor de un hombre por una mujer adúltera (cf. 3,1-3); Ezequiel, por su parte, hablando de la relación de Dios con el pueblo de Israel, no tiene miedo de usar un lenguaje ardiente y apasionado (cf. 16,1-22). Estos textos bíblicos indican que el eros forma parte del corazón de Dios: el Todopoderoso espera el “sí” de sus criaturas como un joven esposo el de su esposa. Desgraciadamente, desde sus orígenes la humanidad, seducida por las mentiras del Maligno, se ha cerrado al amor de Dios, con la ilusión de una autosuficiencia que es imposible (cf. Gn 3,1-7). Replegándose en sí mismo, Adán se alejó de la fuente de la vida que es Dios mismo, y se convirtió en el primero de “los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud” (Hb 2,15). Dios, sin embargo, no se dio por vencido, es más, el “no” del hombre fue como el empujón decisivo que le indujo a manifestar su amor en toda su fuerza redentora.

La Cruz revela la plenitud del amor de Dios

En el misterio de la Cruz se revela enteramente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. Para reconquistar el amor de su criatura, Él aceptó pagar un precio muy alto: la sangre de su Hijo Unigénito. La muerte, que para el primer Adán era signo extremo de soledad y de impotencia, se transformó de este modo en el acto supremo de amor y de libertad del nuevo Adán. Bien podemos entonces afirmar, con san Máximo el Confesor, que Cristo “murió, si así puede decirse, divinamente, porque murió libremente” (Ambigua, 91, 1956). En la Cruz se manifiesta el eros de Dios por nosotros. Efectivamente, eros es —como expresa Pseudo-Dionisio Areopagita— esa fuerza “que hace que los amantes no lo sean de sí mismos, sino de aquellos a los que aman” (De divinis nominibus, IV, 13: PG 3, 712). ¿Qué mayor “eros loco” (N. Cabasilas, Vida en Cristo, 648) que el que trajo el Hijo de Dios al unirse a nosotros hasta tal punto que sufrió las consecuencias de nuestros delitos como si fueran propias?

“Al que traspasaron”

Queridos hermanos y hermanas, ¡miremos a Cristo traspasado en la Cruz! Él es la revelación más impresionante del amor de Dios, un amor en el que eros y agapé, lejos de contraponerse, se iluminan mutuamente. En la Cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: Él tiene sed del amor de cada uno de nosotros. El apóstol Tomás reconoció a Jesús como “Señor y Dios” cuando puso la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor. Se podría incluso decir que la revelación del eros de Dios hacia el hombre es, en realidad, la expresión suprema de su agapé. En verdad, sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. Jesús dijo: “Yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por Él. Aceptar su amor, sin embargo, no es suficiente. Hay que corresponder a ese amor y luego comprometerse a comunicarlo a los demás: Cristo “me atrae hacia sí” para unirse a mí, para que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor.

Sangre y agua

“Mirarán al que traspasaron”. ¡Miremos con confianza el costado traspasado de Jesús, del que salió “sangre y agua” (Jn 19,34)! Los Padres de la Iglesia consideraron estos elementos como símbolos de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Con el agua del Bautismo, gracias a la acción del Espíritu Santo, se nos revela la intimidad del amor trinitario. En el camino cuaresmal, haciendo memoria de nuestro Bautismo, se nos exhorta a salir de nosotros mismos para abrirnos, con un confiado abandono, al abrazo misericordioso del Padre (cf. S. Juan Crisóstomo, Catequesis, 3,14 ss.). La sangre, símbolo del amor del Buen Pastor, llega a nosotros especialmente en el misterio eucarístico: “La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega” (Enc. Deus caritas est, 13). Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo ‘eucarístico’, en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y palabra. De ese modo contemplar “al que traspasaron” nos llevará a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas. Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que por nuestra parte cada día debemos “volver a dar” al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente de la alegría de la Pascua. Que María, la Madre del Amor Hermoso, nos guíe en este itinerario cuaresmal, camino de auténtica conversión al amor de Cristo. A vosotros, queridos hermanos y hermanas, os deseo un provechoso camino cuaresmal y, con afecto, os envío a todos una especial Bendición Apostólica.

Vaticano, 21 de noviembre de 2006



BENEDICTUS PP. XVI



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