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Praedicatho homélies à temps et à contretemps
Homélies du dimanche, homilies, homilieën, homilias. "C'est par la folie de la prédication que Dieu a jugé bon de sauver ceux qui croient" 1 Co 1,21

Un evangelio fiable para una catequesis sólida (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)

Walter Covens #Homilías en español
3 TOC ev
    En mi homilía del domingo pasado, cuando meditamos a partir del episodio de las Bodas de Caná, tuve la oportunidad de insistir sobre el carácter a la vez histórico y simbólico del Evangelio de Juan. Hoy, en  el prólogo de su Evangelio, San Lucas da muestras de la misma preocupación por la precisión histórica, como lo recuerda al pricipio de los Hechos de los Apóstoles (Ac 1, 1) : Querido Teófilo : en mi primer libro traté todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el primer día…

    Asimismo, San Juan escribe (1  Jn 1, 1-3):
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos contemplado con nuestros ojos, lo que hemos visto y que nuestras manos han tocado es la Palabra, la Palabra de la vida. Sí, la vida se ha manifestado, la hemos contemplado y damos nuestro testimonio : os anunciamos esta vida eterna que estaba junto al Padre y que se ha manifestado ante nosotros. Lo que hemos contemplado y lo que hemos oído, lo anunciamos también a vosotros…

    Nuestra fe cristiana descansa en hechos históricos y no en fábulas, mitos. Está basada en la    Historia y no en « historias ». La Palabra se hizo carne y vivió entre nosotros (Jn 1, 14). La diferencia entre Juan y Lucas, es que Juan es testigo ocular. San Lucas, por su parte, no lo es, pero se  informó « cuidadosamente de todo desde los orígenes » con « los que, desde el principio fueron los testigos oculares y se convirtieron en servidores de la Palabra » para que todos pudieran darse cuenta de la « solidez de las enseñanzas » recibidas. San Mateo también es testigo ocular, mientras que el Evangelio de San Marco es el reflejo de la predicación de San Pedro.

    Hay que insistir en el carácter histórico del Evangelio de San Lucas, como de los otros tres, ya que la solidez de nuestra fe depende de ello. Hoy en día, es de buen tono oponer el « Jesús de la fe » al « Jesús de la historia ». El « Jesús de la fe » no tendría casi nada que ver con el « Jesús de la historia », a propósito del cual aseguran que no podemos saber mucho. El « Jesús de la fe », por su parte, no tiene nada que ver con la ciencia y, según dicen, no tiene credibilidad.

    Esta oposición es peligrosa, pues acarrea la ruina de la fe cristiana. Según una encuesta, la mitad de los franceses están convencidos de que la existencia misma de Jesús es dudosa, cuando ella es una de las más atestiguadas. No tenemos  documentación histórica abundante sobre ningún personaje de la Antigüedad. Sin embargo, dudamos de la existencia de Jesús cuando no se le ocurriría a nadie dudar de la existencia de Julio César. Este hecho da que pensar, pero no es fortuito. Es el resultado de múltiples intentos de destruir la fe, con unos best-sellers « que se suceden por decenas desde finales del siglo XVIII  hasta  hoy en día. Véase el reciente Da Vinci Code…

    El colmo es cuando la fe de los creyentes  va a remolque de la crítica de los no creyentes, como si, en vez de llamar a unos expertos para dictaminar sobre el valor de una obra de arte o una pieza musical se llamara a unas personas ciegas o sordas. Los Evangelios fueron escritos por personas creyentes y para personas creyentes y hace falta un mínimo de fe para entenderlos.

    Las sospechas pasan. El Evangelio queda. (R. Laurentin).
    Hoy en día, las palabras iniciales del Evangelio de San Lucas son, pues, más importantes que nunca. Si las olvidamos o las descuidamos, nuestra fe cristiana ya no descansa en bases sólidas y se derrumbará tarde o temprano.

Eso, en efecto, es importantísimo : nuestra religión no sólo es una « ideología » más, es decir una sistematización siempre cuestionable de ideas, tan lindas como queramos. Se origina en hechos sorprendentes pero comprobados y atestiguados –toda la sucesión de los Evangelios lo demostrará- es la vida, la muerte y la resurrección     del Cristo. Y de eso, todo el « cristianismo » no hará más que sacar consecuencias (A. Feuillet).
    Para comprenderlo hay que tener una idea bastante precisa de la manera como los Evangelios llegaron hasta nosotros.

1. Como punto de partida están Jesús y los acontecimientos de su vida. No se trata de ideología sino de acontecimientos, inscritos en la Historia. Esos acontecimientos tuvieron lugar « entre nosotros ». Eso no quiere decir que Lucas haya formado parte de los que rodearon a Jesús, sino que en el momento en que está escribiendo su prólogo, todavía quedan unos discípulos vivos.
    
2. Luego está el testimonio de los Apóstoles. De esos acontecimientos fueron los apóstoles «testigos oculares », no a hurtadillas sino « desde  el principio » o sea del Bautismo a la Resurrección.    

3. Por lo mismo, los que vieron se convirtieron en « servidores de la Palabra » desde     el Pentecostés. Ese el paso del ver al decir. Ese paso es de lo más lógico, dado que Jesús, al que vieron es la Encarnación de la Palabra. Por eso dirá Orígenes :

Está escrito en el Éxodo : « El pueblo verá la voz de Dios ». Claro que se oye la voz antes de verla. Pero eso fue escrito para enseñarnos que hacen falta otros ojos para ver la voz de dios y la ven los que tienen la posibilidad de verla. Pero en el Evangelio de San Lucas ya no es la voz la que se ve sino la Palabra : « los que la vieron y fueron servidores de la Palabra ». Y la Palabra es más que la voz. Los Apóstoles vieron la Palabra : no porque tuviera bajo los ojos el cuerpo del Señor Salvador sino porque vieron la Palabra. Si sólo se tratara de materia, Pilato hubiera visto la Palabra y también Judas y todos los que gritaron : « ¡Crucifícalo ! ». Ver la Palabra de Dios, el Salvador, explica lo que es : « El que me ve, también ve al Padre que me mandó ».

4. Ya que la tradición cristiana está sólidamente enlazada por esta Palabra de los apóstoles al mismo Cristo–Palabra, su papel es trasmitir lo que recibió de los testigos oculares. Y el primer trabajo, en este sentido, es el de « hacer una relación ordenada ». Aquí también esto es muy lógico ya que el tema de esta composición son los acontecimientos de la vida y la muerte de Jesús. El “valor añadido”, por decirlo así, es la « composición »,  una búsqueda de unidad entre diversos fragmentos, lo que, según dice San Lucas, varios se habían propuesto antes.

5. Esta tradición de la Palabra de Dios, encarnada en Jesucristo, repetida por los Apóstoles, va a encontrar su « com-posición » definitiva con el trabajo de los cuatro Evangelistas. San Lucas nos confiesa cuál fue su método : está basado en una información « cuidadosa » (« acribôs, a partir de la cual los científicos sacaron la palabra acribia,¡para designar una precisión científica » !) « de todo », pues tan precisa como posible, « desde los orígenes », es decir más allá del Bautismo de Jesús, de su infancia. Para eso, San Lucas se nutre de las fuentes no sólo las « relaciones ordenadas » que otros habían escrito antes que él, sino de « los testigos oculares », « los servidores de la Palabra » a los que pudo encontrar, sin excluir a la Virgen María y a los demás miembros de « la familia de Jesús ».

    Todo eso, « para ti, querido Teófilo », es decir para todos los discípulos venideros de Cristo, para que nos percatemos de la solidez de las enseñanzas (de la catequesis – es la palabra griega empleada por San Lucas) recibidas.

    Lo que yo les estoy diciendo ha sido confirmado por las investigaciones de ciento cincuenta años de exégesis intensa sobre la génesis de los Evangelios. Así pues, hay que cantar bien alto, contra vientos y mareas, la alabanza de la autenticidad de esos escritos esenciales para nuestra fe.
Pero el argumento más convincente en favor de la verdad histórica de los Evangelios es la experiencia que vivimos en nosotros mismos cada vez que estamos afectados profundamente por una palabra de Cristo. ¿Qué otra palabra, antigua o nueva, tuvo alguna vez semejante poder ? (R. Cantalamessa).

                            Traducción de Jean-Louis Joachim

Un Évangile fiable pour une catéchèse solide - Homélie 3° dimanche du Temps Ordinaire C

Walter Covens #homélies (patmos) Année B - C (2006 - 2007)
Un Évangile fiable pour une catéchèse solide - Homélie 3° dimanche du Temps Ordinaire C
 
 
    Dans mon homélie de dimanche dernier, lorsque nous avons médité sur l'épisode des Noces de Cana, j'ai eu l'occasion d'insister sur le caractère à la fois historique et symbolique de l'évangile de Jean. Aujourd'hui, dans le Prologue de son Évangile, saint Luc manifeste ce même souci de précision historique, comme il le rappelle au début des Actes des Apôtres (Ac 1, 1):
 
Mon cher Théophile, dans mon premier livre j'ai parlé de tout ce que Jésus a fait et enseigné depuis le commencement...

    S. Jean écrit de même (1 Jn 1, 1-3):
 
Ce qui était depuis le commencement, ce que nous avons entendu, ce que nous avons contemplé de nos yeux, ce que nous avons vu et que nos mains ont touché, c'est le Verbe, la Parole de la vie. Oui, la vie s'est manifestée, nous l'avons contemplée, et nous portons témoignage: nous vous annonçons cette vie éternelle qui était auprès du Père et qui s'est manifestée à nous. Ce que nous avons contemplé, et que nous avons entendu, nous vous l'annonçons à vous aussi...

    Notre foi chrétienne est basée sur des faits historiques, et non pas sur des fables, des mythes, sur de l'Histoire, et non pas sur "des histoires"!
 
Le Verbe s'est fait chair, et il a habité parmi nous (Jn 1, 14).

    La différence entre Jean et Luc, c'est que Jean est témoin oculaire. S. Luc, lui, ne l'est pas, mais il s'est "informé soigneusement de tout depuis les origines" auprès de "ceux qui, dès le début, furent les témoins oculaires et sont devenus les seviteurs de la Parole" afin que tous puissent se rendre "compte de la solidité des enseignements" reçus. S. Matthieu est, lui aussi, un témoin oculaire, alors que l'Évangile selon saint Marc est l'écho de la prédication de saint Pierre.

    S'il faut insister sur le caractère historique de l'Évangile de saint Luc comme des trois autres, c'est que la solidité de notre foi en dépend. Aujourd'hui il est de bon ton d'opposer le "Jésus de la foi" au "Jésus de l'histoire". Le "Jésus de la foi" n'aurait presque rien à voir avec le "Jésus de l'histoire", dont on assure que nous ne pouvons pas connaître grand chose. Le "Jésus de la foi", lui, est étranger à toute science, et donc à toute crédibilité, dit-on.

    Cette opposition est dangereuse, car elle entraîne la ruine de la foi chrétienne. Selon un sondage, la moitié des Français sont persuadés que l'existence même de Jésus est douteuse, alors qu'elle est une des mieux attestées. D'aucun personnage de l'Antiquité nous ne possédons une documentation historique aussi abondante. Pourtant on doute de l'existence de Jésus, alors qu'il ne viendrait à l'idée de personne de douter de l'existence de Jules César. Ce fait laisse songeur, mais il n'est pas forrtuit. C'est le résultat de mulitples tentatives de détruire la foi, avec des "best-sellers" qui se succèdent par dizaines depuis la fin du 18e siècle jusqu'à aujourd'hui. Pensons au "Da Vinci Code"...

    Le comble, c'est quand la foi des croyants se met à la remorque de la critique des incroyants, comme si, au lieu de faire appel à des experts pour juger de la valeur artistique d'une peinture ou d'une composition musicale, on faisait appel à des personnes aveugles ou sourdes. Les Évangiles ont été ecrits par des croyants pour des croyants, et il faut donc un minimum de foi pour les comprendre.
 
Les soupçons passent. L'Évangile reste. (R. Laurentin)

    Aujourd'hui, les paroles du début de l'Évangile de S. Luc sont donc plus importantes que jamais. Si nous les oublions ou les négligeons, notre foi chrétienne ne repose plus sur des bases solides et elle s'écroulera tôt ou tard.
 
C'est en effet de la plus haute importance: notre religion n'est pas seulement une "idéologie" de plus, c'est-à-dire une systématisation toujours contestable d'idées, aussi belles qu'on les voudra; à son origine, il y a des faits, surprenants mais dûment constatés et attestés - toute la suite des Évangiles le démontrera - c'est la vie, mort et résurrection du Christ. Et tout le "christianisme" ne fera jamais qu'en tirer les conséquences. (A. Feuillet)

    Pour le comprendre, il est bon d'avoir une idée assez précise de la manière dont les Évangiles sont parvenus jusqu'à nous.

1. Au point de départ il y a Jésus, les faits de sa vie. Il ne s'agit pas d'idéologie, mais d'évènements, inscrits dans l'Histoire. Ces évènements ont eu lieu "parmi nous": non pas que Luc ait fait partie de l'entourage de Jésus, mais parce qu'au moment où il écrit son Prologue il reste encore des disciples vivants.

2. Ensuite il y a le témoingnage des apôtres. de ces évènements, les Apôtres ont été des "témoins oculaires", non pas à la dérobée, comme en passant, mais "depuis le commencement", c'est-à-dire du Baptême à la Résurrection.

3. Par le fait même, ceux qui ont vu sont devenus "serviteurs de la Parole" dès la Pentecôte. C'est le passage du "voir" au "dire". Ce passage est tout ce qu'il y a de plus logique, étant donné que le Jésus qu'ils ont vu est le Verbe incarné. C'est pourquoi Origène dira:
 
Il est écrit dans l'Exode: "Le peuple voyait la voix de Dieu". Certes, la Voix est entendue avant d'être vue; mais cela fut écrit pour nous montrer qu'il faut d'autres yeux pour voir la voix de Dieu; et la voient ceux à qui cela est donné. Dans l'Évangile de Saint-Luc, ce n'est plus la voix qui est vue, mais la Parole: "ceux qui ont vu, et furent serviteurs de la Parole." Et la Parole est plus que la voix. Les Apôtres ont donc vu la Parole: non parce qu'ils ont eu sous les yeux le corps du Seigneur Sauveur, mais parce qu'ils ont vu le Verbe. S'il ne s'agissait que de matière, Pilate aurait vu la Parole, et Judas, et tous ceux qui crièrent: "Crucifie-le!" Voir la Parole de Dieu, le Sauveur explique ce que c'est: "Celui qui me voit, voit aussi le Père qui m'a envoyé."

4. La Tradition chrétienne étant solidement reliée par cette Parole des apôtres au Christ-Verbe lui-même, son rôle est de "transmettre" ce qu'elle a reçu des témoins oculaires. Et le premier travail dans ce sens est "d'en ecrire ... un exposé suivi". Ici encore, c'est tout ce qu'il y a de plus logique, puisque l'objet de cette composition ce sont les évènements de la vie et de la mort de Jésus. La "valeur ajoutée", si l'on peut dire, c'est la "composition", une recherche d'unité entre des fragments divers, ce que, aux dires de S. Luc, plusieurs avaient déjà entrepris avant lui.

5. Cette Tradition de la Parole de Dieu, incarnée en Jésus Christ, répétée par le Apôtres, va trouver sa "com-position" achevée par le travail des quatre Évangélistes. Saint Luc nous confie quelle a été sa méthode: elle est basée sur une information "soigneuse" ("acribôs", dont les savants ont tiré acribie pour qualifier une précision scientifique !) "de tout", donc aussi exhaustive que possible, "depuis les origines", c'est-à-dire au-delà du Baptême de Jésus son enfance. Pour ce faire, S. Luc puise aux sources, non seulement les "exposés suivis" que d'autres avaient rédigé avant lui, mais "les témoins oculaires", "les serviteurs de la Parole" qu'il a pu rencontrer, sans exclure la Vierge Marie et les autres membres de "la famille de Jésus".
Tout cela "pour toi, cher Théophile", c'est-à-dire pour tous les disciples du Christ à venir, afin que nous nous rendions compte de la solidité des enseignements (de la catéchèse - c'est le mot grec employé par S. Luc) reçus.

    Ce que je vous dis là a été confirmé par les recherches de cent-cinquante ans d'exégèse acharnée sur la genèse des Évangiles. Il faut donc chanter haut et fort, contre vents et marées, la louange de l'authenticité de ces écrits essentiels pour notre foi!
 
Mais l’argument le plus convainquant en faveur de la vérité historique fondamentale des Évangiles est l’expérience que nous faisons en nous-mêmes chaque fois que nous sommes touchés profondément par une parole du Christ. Quelle autre parole, ancienne ou nouvelle, a jamais eu un tel pouvoir ? (R. Cantalamessa)

Jésus ne fait rien tout seul - Homélie 3° dimanche du Temps Ordinaire A

dominicanus #Homélies Année A 2010-2011

 

3 TOA 1ev

 

 

L’arrestation de Jean Baptiste, mentionnée au début du passage de l’évangile de ce dimanche, a été pour Jésus un moment de transition. Avant cela, Jésus avait commencé à rassembler ses Apôtres et à prêcher, mais seulement à temps partiel. Tant que Jean pouvait continuer à prêcher et à baptiser, Jésus était resté effacé. Mais l’arrestation de Jean était pour lui un signe. Le dernier des prophètes avait été réduit au silence, et l’heure était venue pour Jésus, le Messie annoncé par tous les prophètes, d’apparaître au centre de la scène.


Saint Matthieu nous dit que dès ce moment-là, Jésus s’est établi à Capharnaüm, une ville plus cosmopolite que Nazareth. C’est là, à Capharnaüm, qu’il appelle ses premiers Apôtres. Pierre, André, Jacques et Jean avaient déjà rencontré Jésus auparavant, quand ils étaient encore disciples de Jean Baptiste. Ils avaient passé du temps avec lui. Ils avaient été là, à Cana, quand Jésus a accompli le premier des signes, changeant l’eau en vin pour les invités de la noce. Ils avaient commencé à faire sa connaissance. L’évangile de Jean nous dit même qu’ils avaient commencé à croire qu’il était le Messie.


Mais pour Jésus, cela ne suffit pas. Il voulait leur montrer davantage, et leur demander davantage. Et c’est ainsi qu’à ce moment crucial, quand il est prêt pour commencer son ministère à plein temps, que Jésus va à la rencontre de ces pêcheurs qui étaient en train de jeter leurs filets dans la Mer de Galilée, qu’il les appelle chacun par leur nom, et qu’il les invite à le seconder pour construire son Royaume.


Jésus n’a pas commencé sa mission tout seul, et il ne la poursuit pas tout seul. Il établit son Eglise, et il commence son œuvre de salut avec l’aide de ces apôtres qu’il choisit. Aujourd’hui il continue sa mission de la même manière, en appelant des pêcheurs normaux, des gens comme vous et moi, à devenir ses apôtres.


 

Le fait que Dieu ne veut rien faire tout seul est très révélateur de ce qu’est la nature humaine. Nous sommes à la fois dépendants et autonomes. Les autres créatures visibles de Dieu sont seulement dépendants. Les objets inanimés dépendent totalement des lois de la physique et de la chimie. Les plantes et les animaux dépendent aussi des lois de la biologie. Les animaux dépendent en outre de leur instinct. Dans tous ces cas, la dépendance est totale. Le comportement de ces créatures est entièrement déterminé par leur Créateur.


Les êtres humains, eux, ne sont que partiellement dépendants des lois de la physique, de la chimie, de la biologie et de l’instinct, parce que Dieu nous a donné quelque chose qu’il n’a donné à aucune de ses créatures visibles : une âme spirituelle.


Cela veut dire d’abord que nous sommes conscients de ce que nous faisons ; nous sommes capables de réfléchir à la réalité qui nous entoure et à notre expérience. Il n’y a que les êtres humains qui tiennent des journaux intimes. C’est parce que nous avons cette conscience de nous-mêmes que nous avons également dans une grande mesure la capacité de nous autodéterminer. C’est ce qu’on appelle le libre arbitre. C’est là qu’intervient notre autonomie.


Les oiseaux agissent par instinct, automatiquement. Les êtres humains, en analysant les pulsions qu’ils ressentent, peuvent choisir leur manière de réagir, en les suivant, en les rejetant, ou en les canalisant. Ce n’est qu’en vertu de la conscience que nous avons de nous-mêmes et de notre capacité à l’autodétermination que nous sommes capables de nous connaître et d’aimer Dieu et le prochain profondément. C’est pour cela qu’il est écrit que Dieu nous a faits à son image et à sa ressemblance.


Le péché originel a obscurci cette ressemblance. Quand le Christ l’a restaurée, il a été logique. Il nous a créés avec la capacité de l’autodétermination, et il ne nous l’a pas enlevée pour nous sauver. Non ! Il requiert notre coopération. En nous invitant à collaborer avec lui à la mission de l’Eglise de sauver le monde, au lieu de tout faire tout seul, il nous montre la dignité de notre nature, en même temps que son désir de notre amitié.


 

Jésus appelle chacun, chacune à le suivre, comme nous le rappelle le Catéchisme de l’Eglise Catholique (n. 30) :


" Si l’homme peut oublier ou refuser Dieu, Dieu, Lui, ne cesse d’appeler tout homme à Le chercher pour qu’il vive et trouve le bonheur. Mais cette quête exige de l’homme tout l’effort de son intelligence, la rectitude de sa volonté, ‘un cœur droit’, et aussi le témoignage des autres qui lui apprennent à chercher Dieu."


Mais il appelle certaines personnes à le servir dans l’Eglise d’une manière particulière. Il appelle certains à la prêtrise, et certains hommes et femmes à la vie consacrée. Saint Jean Bosco disait souvent qu’une personne sur quatre était appelé à cette vie de prière, de sacrifice et de service héroïque. Il ne fait aucun doute que Dieu appelle certains jeunes dans notre communauté paroissiale ou autre à cette mission spéciale. Il les appelle à renoncer à leurs projets personnels et à mettre leur confiance en lui exclusivement, tout comme Pierre et André ont laissé derrière eux leurs barques, leurs filets et leurs affaires. Jésus les appelle à renoncer aux belles joies de la vie de famille pour donner leur cœur à lui entièrement, tout comme Jacques et Jean ont quitté leur père Zébédée dans la barque.


Ces vocations particulières touchent notre vie à nous tous ; l’Eglise ne peut pas s’en passer ; le Christ les désire ardemment.


Et pourtant il n’y a aucun automatisme. Le Christ ne force personne à répondre oui à son invitation. S’il vous appelle, n’ayez pas peur. Faites un pas. N’attendez pas. L”évangile nous dit que les premiers apôtres ont tout laissé « aussitôt ». Laissez derrière vous les filets, la barque, les affections : Jésus ne vous laissera jamais tomber. Il est Dieu, il mérite votre confiance.


Pour tous les autres, alors que Jésus renouvelle le don total qu’il nous fait de lui-même dans cette Eucharistie, promettez-lui de le suivre de plus près aussi, en étant ses témoins courageux là où nous vivons, en aidant les autres à entendre et à suivre son appel dans leur vie.

La tactique préférée du démon - Homélie 3° dimanche du Temps Ordinaire C

dominicanus #Homélies Année C (2009-2010)
 
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La communauté chrétienne de la cité grecque de Corinthe, à laquelle saint Paul adresse la lettre dont nous avons entendu un passage (cf. deuxième lecture), était celle d’une grande ville, bourdonnante d’activités, la capitale de la région. Elle devait aussi affronter un grave problème : celui de la division. Certains parmi les chrétiens étaient d’origine juive, tandis que d’autres étaient d’origine païenne. Certains s’enorgueillissaient d’avoir reçu la foi de saint Paul, d’autres de saint Pierre, d’autres encore d’un prédicateur renommé de l’époque, Apollos. Cela donnait lieu à des factions à l’intérieur de l’Eglise. Chaque fois qu’une question ou un problème se présentait, ces factions se disputaient. Cette division sans cesse aggravée déchirait la jeune communauté, et contaminait aussi les communautés chrétiennes environnantes. Bref, c’était ce qu’on appelle une crise.

Diviser les gens et les communautés, c’est la tactique du démon. Le péché divise toujours. Le tout premier péché au Jardin d’Eden en est un exemple type. Il a causé un antagonisme entre l’humanité et Dieu (Adam et Eve se sont cachés devant Dieu) ; Il a causé un antagonisme entre Adam et Eve (Ils se sont cachés l’un devant l’autre) ; et il a causé un antagonisme entre l’humanité et le reste de la création (Eve est condamnée à enfanter dans la douleur et Adam à gagner son pain à la sueur de son front).

 

La division est l’œuvre du diable – le mot même "diable" vient du mot grec qui veut dire accusateur (Διάβολος), dont le sens littéral est "jeté à travers" (dia – à travers, bollein – jeter), comme, par exemple, dans jeter un obstacle sur le passage de quelqu’un, pour l’empêcher d’atteindre son but, ou comme semer des obstacles entre deux personnes, pour les diviser.

 

Le diable veut nous séparer de Dieu, et il veut nous séparer les uns des autres. C’est tout le mystère du mal. Dieu, source de tout ce qui est bon, est essentiellement une communion de personnes, l’unité du Père, du Fils et du Saint Esprit. Dans le mot "Trinité“ il y a "unité“ (tri-unité). Nous avons été créés à l’image et à la ressemblance de Dieu. Par conséquent, quand le démon sème la division et la discorde entre nous, c’est une manière pour le démon d’insulter Dieu, pour qui il n’éprouve que de la haine.

 

Dans un message pour la Journée Mondiale de la Paix Benoît XVI a montré encore une fois que les difficultés que connaît la société ne constituent pas seulement un défi technique, mais qu’il existe un lien entre ces difficultés et un manque d’intégrité morale. En contraste avec les divisions destructives, causés par un égoïsme borné, il avait renouvelé son appel à la maîtrise de soi et la solidarité :

 

"L’humanité a besoin d’un profond renouvellement culturel; elle a besoin de redécouvrir les valeurs qui constituent le fondement solide sur lequel bâtir un avenir meilleur pour tous. Les situations de crise qu’elle traverse actuellement – de nature économique, alimentaire, environnementale ou sociale – sont, au fond, aussi des crises morales liées les unes aux autres. Elles obligent à repenser le cheminement commun des hommes. Elles contraignent, en particulier, à adopter une manière de vivre basée sur la sobriété et la solidarité."

 

Chaque péché est d’une certaine manière une faute contre l’unité et l’harmonie qui devrait régner entre nous et Dieu et parmi nous. Sans cette unité et cette harmonie, nous ne pouvons tout simplement pas arriver à la maturité nécessaire pour vivre une vie vraiment satisfaisante, une vie qui ait un sens, maintenant et pour l’éternité.

 

Peut-être vous souvenez-vous des fameuses Guerres Puniques. Il y a eu plusieurs guerres entre la Rome antique et la civilisation de Carthage. Rome a mis cent ans avant de finalement conquérir Carthage. Pour empêcher Carthage de regagner en puissance, les Romains ont ensemencé toutes les terres agricoles autour de la ville dans un rayon de 70 kilomètres de sel, dans le but de les rendre complètement infertiles. Pour avoir une bonne terre, il faut une certaine quantité de sels, mais ces sels sont des ions. Et donc, si la quantité de sel est excessive, le sol, pour neutraliser ces ions, absorbe toute l’humidité de la plante, au lieu que ce soient les plantes qui absorbent l’humidité du sol. Dans un sol trop salin, par conséquent, la plante peut bien se trouver dans une terre humide et nourrissante, mais elle ne pourra absorber la moindre humidité. Le sel la sépare de son aliment le plus essentiel.

 

Eh bien, le travail du diable consiste à semer du sel dans le sol de nos familles, de nos paroisses, de nos communautés, … de toute la famille humaine. Il veut nous empêcher de porter du fruit, et là où ce fruit existe, il veut l’empêcher d’arriver à maturité. Il sème l’égoïsme, la suspicion, l’envie, le ressentiment et tous les autres ions spirituels qui sapent le suc du bonheur des hommes : la confiance, le don de soi, le pardon, la bienveillance, la patience… La division est l’œuvre du diable, alors que la réconciliation et la communion sont l’œuvre du Christ.

 

Alors c’est à nous de voir : si nous voulons être les disciples du démon et faire l’expérience de la frustration, tout ce que nous avons à faire est de semer la division.

 

Si nous voulons être les disciples du Christ et expérimenter une satisfaction durable (éternelle), nous devons être des artisans d’unité.

 

Saint Paul nous dit comment.

 

La communauté des chrétiens de Corinthe commence à expérimenter la ruine qui vient des factions et des divisions. C’est dans ce contexte que saint Paul les exhorte à cesser de se quereller et d’être unis dans le Christ, exactement comme les différents organes et membres sont unis dans un même corps. Voilà l’attitude qui doit prévaloir entre chrétiens de chaque génération, y compris la nôtre. Nous ne sommes pas étrangers aux divisions. Presque chaque semaine, nous apprenons dans les nouvelles que des catholiques, même des prêtres, s’opposent publiquement aux enseignements de l’Eglise, aux décisions de l’évêque. Même des groupes fervents dans l’Eglise gaspillent leur temps et leur énergie en rivalisant les uns avec les autres. Même des paroissiens actifs font le jeu du démon en semant le sel de la division avec leur langue. Comme il est absurde pour un membre du corps de rivaliser avec un autre membre de ce même corps !

 

Jésus nous a donné le secret de l’unité, le secret pour ne pas vaciller, de faire échec aux attaques du démon par un bouclier impénétrable. Ce secret, ce bouclier, ce rempart divinement garanti d’unité, c’est le Pape, c’est la hiérarchie de l’Eglise.

 

Si nous n’avions pas le Catéchisme pour clarifier les fondements de notre foi, nous aurions une excuse valable pour ne pas être d’accord entre catholiques. Mais par le ministère des Papes, Dieu nous a donné un Catéchisme officiel, en même temps que des sacrements, le droit canonique, les prêtres, les évêques et bien d’autres cadeaux encore. Dans toute l’histoire de l’Eglise il n’a jamais été aussi facile d’être des artisans d’unité entre nous, car il n’a jamais été aussi facile de savoir ce que l’Eglise enseigne vraiment, et pourquoi elle l’enseigne en matière de dogme, de morale et de liturgie. La lumière qui provient de cette intelligence de la foi expulse les ombres et les divisions.

 

Aujourd’hui faisons échec au démon. Alors que Jésus vient s’offrir lui-même dans cette Messe comme nourriture de communion entre tous les croyants et comme espérance de communion entre tous les peuples, prions pour notre Saint-Père, le Pape Benoît XVI, et pour l’unité des chrétiens sous sa conduite. Et au moment où nous recevons notre Seigneur dans la Sainte Communion, promettons-lui de faire tout notre possible pour être des membres fidèles de son corps en suivant la tête visible, divinement établie et garantie de l’Eglise. Si nous le faisons, l’Eglise fleurira, et nos âmes aussi. Après tout, Jésus n’a-t-il pas dit : « Heureux les artisans de paix, ils seront appelés fils de Dieu » ?

Lectures 3° dimanche du Temps Ordinaire C

dominicanus #Liturgie de la Parole - Année C

1ère lecture : Le peuple de Dieu redécouvre la Parole (Ne 8, 1-4a.5-6.8-10)

 
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Lecture du livre de Néhémie

Quand arriva la fête du septième mois, tout le peuple se rassembla comme un seul homme sur la place située devant la Porte des eaux. On demanda au scribe Esdras d'apporter le livre de la loi de Moïse, que le Seigneur avait donnée à Israël.
Alors le prêtre Esdras apporta la Loi en présence de l'assemblée, composée des hommes, des femmes, et de tous les enfants en âge de comprendre. C'était le premier jour du septième mois.
Esdras, tourné vers la place de la Porte des eaux, fit la lecture dans le livre, depuis le lever du jour jusqu'à midi, en présence des hommes, des femmes, et de tous les enfants en âge de comprendre : tout le peuple écoutait la lecture de la Loi.
Le scribe Esdras se tenait sur une tribune de bois, construite tout exprès.
Esdras ouvrit le livre ; tout le peuple le voyait, car il dominait l'assemblée. Quand il ouvrit le livre, tout le monde se mit debout.
Alors Esdras bénit le Seigneur, le Dieu très grand, et tout le peuple, levant les mains, répondit : « Amen ! Amen ! » Puis ils s'inclinèrent et se prosternèrent devant le Seigneur, le visage contre terre.
Esdras lisait un passage dans le livre de la loi de Dieu, puis les lévites traduisaient, donnaient le sens, et l'on pouvait comprendre.
Néhémie le gouverneur, Esdras qui était prêtre et scribe, et les lévites qui donnaient les explications, dirent à tout le peuple : « Ce jour est consacré au Seigneur votre Dieu ! Ne prenez pas le deuil, ne pleurez pas ! » Car ils pleuraient tous en entendant les paroles de la Loi.
Esdras leur dit encore : « Allez, mangez des viandes savoureuses, buvez des boissons aromatisées, et envoyez une part à celui qui n'a rien de prêt. Car ce jour est consacré à notre Dieu ! Ne vous affligez pas : la joie du Seigneur est votre rempart ! »
 
 


 

Psaume : Ps 18, 8, 9, 10, 15

 

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R/ La joie du Seigneur est notre rempart

 

La loi du Seigneur est parfaite,
qui redonne vie ;
la charte du Seigneur est sûre,
qui rend sages les simples.

Les préceptes du Seigneur sont droits,
ils réjouissent le coeur ;
le commandement du Seigneur est limpide,
il clarifie le regard.

La crainte qu'il inspire est pure,
elle est là pour toujours ;
les décisions du Seigneur sont justes
et vraiment équitables.

Accueille les paroles de ma bouche,
le murmure de mon coeur ;
qu'ils parviennent devant toi,
Seigneur, mon rocher, mon défenseur !
 
 


 

2ème lecture : Diversité des membres dans l'unité du corps du Christ (1Co 12, 12-30)

 

Lecture de la première lettre de saint Paul Apôtre au Corinthiens

Frères,
Prenons une comparaison : notre corps forme un tout, il a pourtant plusieurs membres ; et tous les membres, malgré leur nombre, ne forment qu'un seul corps. Il en est ainsi pour le Christ.
Tous, Juifs ou païens, esclaves ou hommes libres, nous avons été baptisés dans l'unique Esprit pour former un seul corps. Tous nous avons été désaltérés par l'unique Esprit.
Le corps humain se compose de plusieurs membres, et non pas d'un seul.
[ Le pied aura beau dire : « Je ne suis pas la main, donc je ne fais pas partie du corps », il fait toujours partie du corps.
L'oreille aura beau dire : « Je ne suis pas l'oeil, donc je ne fais pas partie du corps », elle fait toujours partie du corps.
Si, dans le corps, il n'y avait que les yeux, comment pourrait-on entendre ? S'il n'y avait que les oreilles, comment pourrait-on sentir les odeurs ?
Mais, dans le corps, Dieu a disposé les différents membres comme il l'a voulu.
S'il n'y en avait qu'un seul, comment cela ferait-il un corps ?
Il y a donc à la fois plusieurs membres, et un seul corps.
L'oeil ne peut pas dire à la main : « Je n'ai pas besoin de toi » ; la tête ne peut pas dire aux pieds : « Je n'ai pas besoin de vous ».
Bien plus, les parties du corps qui paraissent les plus délicates sont indispensables.
Et celles qui passent pour moins respectables, c'est elles que nous traitons avec plus de respect ; celles qui sont moins décentes, nous les traitons plus décemment ;
pour celles qui sont décentes, ce n'est pas nécessaire. Dieu a organisé le corps de telle façon qu'on porte plus de respect à ce qui en est le plus dépourvu :
il a voulu qu'il n'y ait pas de division dans le corps, mais que les différents membres aient tous le souci les uns des autres.
Si un membre souffre, tous les membres partagent sa souffrance ; si un membre est à l'honneur, tous partagent sa joie. ]
Or, vous êtes le corps du Christ et, chacun pour votre part, vous êtes les membres de ce corps.
[ Parmi ceux que Dieu a placés ainsi dans l'Église, il y a premièrement des apôtres, deuxièmement des prophètes, troisièmement ceux qui sont chargés d'enseigner, puis ceux qui font des miracles, ceux qui ont le don de guérir, ceux qui ont la charge d'assister leurs frères ou de les guider, ceux qui disent des paroles mystérieuses.
Tout le monde évidemment n'est pas apôtre, tout le monde n'est pas prophète, ni chargé d'enseigner ; tout le monde n'a pas à faire des miracles,
à guérir, à dire des paroles mystérieuses, ou à les interpréter. ]
 
 


 

Evangile : Prologue de Saint Luc - « Aujourd'hui, s'accomplit la Parole » (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)

 
Acclamation : Alléluia. Alléluia.
Le Seigneur a envoyé Jésus, son Sauveur,
porter la Bonne Nouvelle aux pauvres,
annoncer aux prisonniers qu'ils sont libres.
Alléluia. (Lc 4, 18)
 
 
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Commencement de l'Evangile de Jésus Christ selon saint Luc

Plusieurs ont entrepris de composer un récit des événements qui se sont accomplis parmi nous,
tels que nous les ont transmis ceux qui, dès le début, furent les témoins oculaires et sont devenus les serviteurs de la Parole.
C'est pourquoi j'ai décidé, moi aussi, après m'être informé soigneusement de tout depuis les origines, d'en écrire pour toi, cher Théophile, un exposé suivi,
afin que tu te rendes bien compte de la solidité des enseignements que tu as reçus.

Lorsque Jésus, avec la puissance de l'Esprit, revint en Galilée, sa renommée se répandit dans toute la région.
Il enseignait dans les synagogues des Juifs, et tout le monde faisait son éloge.
Il vint à Nazareth, où il avait grandi. Comme il en avait l'habitude, il entra dans la synagogue le jour du sabbat, et il se leva pour faire la lecture.
On lui présenta le livre du prophète Isaïe. Il ouvrit le livre et trouva le passage où il est écrit :
L'Esprit du Seigneur est sur moi parce que le Seigneur m'a consacré par l'onction. Il m'a envoyé porter la Bonne Nouvelle aux pauvres, annoncer aux prisonniers qu'ils sont libres, et aux aveugles qu'ils verront la lumière, apporter aux opprimés la libération,
annoncer une année de bienfaits accordée par le Seigneur.

Jésus referma le livre, le rendit au servant et s'assit. Tous, dans la synagogue, avaient les yeux fixés sur lui.
Alors il se mit à leur dire : « Cette parole de l'Écriture, que vous venez d'entendre, c'est aujourd'hui qu'elle s'accomplit. »






 

¿Manifestación en Caná ? (Jn 2, 1-12)

Walter Covens #Homilías en español
2 TOC ev
 
 
    Después de la solemnidad de la Epifanía del Señor y después de la fiesta de su bautismo, ya, en este segundo domingo del tiempo ordinario (en realidad el primero) acabamos de escuchar el relato de las Bodas de Caná en el evangelio de San Juan. Es el único en contarnos este episodio que sitúa al principio del ministerio de Jesús. Tomando en cuenta este contexto litúrgico vamos a intentar meditar brevemente este misterio que se convirtió hace unos cuantos años en el segundo misterio luminoso del Santo Rosario.

    Existe, en efecto, un punto común entre estos tres misterios : el de la Epifanía, el del bautismo y el de Caná. ¿Cuál es ? La antífona del Cántico de Zacarías del oficio de las laudes de la Epifanía nos dará  indicaciones al respecto :
 
Hoy, la Iglesia está unida a su Esposo : el Cristo, en el Jordán la purifica de todas sus faltas, los magos traen sus regalos a las bodas reales, el agua se convierte en vino, para alegría de los comensales, ¡Aleluya !

    ¡Qué concisión y densidad más admirables ! Todo está dicho en pocas palabras. Resulta difícil lograrlo mejor. La antífona del Cántico de María (el Magnificat) en el oficio de las vísperas dice lo mismo de forma algo diferente :
 
Celebramos tres misterios en este día : hoy la estrella guió a los magos hacia el nacimiento ; hoy, el agua fue cambiada en vino en las bodas de Caná, hoy, el Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos, ¡Aleluya !

    La Epifanía, el Bautismo, las Bodas de Caná : estos tres acontecimientos son, desde luego, acontecimientos muy distintos en el tiempo (y el espacio). Sin embargo, hay una realidad (e insisto en lo de « realidad ») que permite decir para los tres al mismo tiempo : « hoy », como si fuera un único y mismo día. Esa realidad no es un hecho, pues se trata de tres hechos muy distintos. Entonces, ¿Qué es ? Tiene que ver con la significación de estos hechos, con su simbolismo. Pero ¡cuidado ! Hoy, cuando decimos « símbolo » o « simbólico », enseguida pensamos en « ficción » o « ficticio », un poco cuando decimos que alguien cedió un terreno en beneficio de una obra pía por un euro « simbólico ». El símbolo, en el sentido más fuerte de la palabra, no es una ficción.

    El símbolo es la realidad. Es incluso más real que el hecho bruto, por decirlo así, pues expresa la realidad profunda y es el único en poder expresarla. El lenguaje científico, al que estamos acostumbrados (es una costumbre...) no permite decirlo todo. Intenten decir en lenguaje científico, lo que sienten un joven y una joven cuando se enamoran el uno del otro. Por grandes que sean las competencias científicas de ustedes, estos jóvenes se quedarán muy insatisfechos, al escucharles a ustedes describiendo de esa manera lo que sucedió entre ellos, como si ustedes estuvieran viviendo en otro planeta. Pero si ustedes lo hacen como los grandes poetas, los dos enamorados acudirán a la librería más cercana para comprar el libro de poemas de ustedes, pidiéndoles que les pongan una dedicatoria.

    Me dirán ustedes :
- Sí, pero el autor del cuarto evangelio es un poeta que logró expresar una realidad profunda con un lenguaje lleno de imágenes. De acuerdo… Pero los hechos que cuenta no son históricos.

    Es verdad que un poeta talentuoso puede hablar de una historia de amor que inventó como si fuera una historia real, con mucho realismo, porque lleva a cierto marco lo que otras personas pudieron vivir en otros tiempos y otros lugares.

    Así pues, a propósito de las Bodas de Caná, un autor (J.Potin, Jesús, 1995) escribió :
 
Para Juan los milagros no son actos de potencia, como en los sinópticos, sino signos, o sea símbolos (…). El símbolo es más importante que la realidad de los hechos (…). Es imposible saber lo que realmente sucedió.
    Estoy de acuerdo con la primera parte de la cita. En lo que se refiere a la segunda, es verdad para los apócrifos, pero seguro que no para el Evangelio de Juan. Los apócrifos son relatos más o menos ficticios, fabricados de punta a cabo, « para las necesidades de la causa », para ilustrar una verdad fidedigna. Los disfrutan las personas adictas a lo maravilloso, quienes, leyendo los cuatro evangelios, se quedaron con las ganas, en particular por todo lo que se refiere al período de la infancia de Jesús. Esos escritos nos describen, por ejemplo, a la Santa Familia durante su huida a Egipto, alimentándose de las frutas de los árboles que se inclinaban ante ellos para permitirles cosecharlos. O al niño Jesús en Nazaret, cambiando a guijarros en pajaritos, justo para causar sensación entre sus amiguitos (cuando Juan nos dice que el primer signo de Jesús tuvo lugar en Caná).

    Pero no es así como Juan nos cuenta el episodio de Caná. No se debe olvidar que Juan forma parte de los primeros discípulos de Jesús, quienes eran cinco en las bodas de Caná, y que él fue pues un testigo ocular. No crea símbolos fuera de la realidad. Se ciñe a los hechos, cuyo sentido, milagroso u ordinario, penetra, incluso en el caso de l la Pasión, en que Jesús está clavado y traspasado por la lanza del centurión. Con Marcos, es el más realista de los evangelistas. Es un testigo discreto, modesto, anónimo y por eso, mucho más creíble.

    Dicho esto, intentemos ver ahora lo que tienen en común los tres acontecimientos de los que les habló y de los que hablan las antífonas de los cánticos evangélicos de la solemnidad de la Epifanía, como si se tratara de un mismo día.

    Se trata en realidad (eso sí hay que decirlo) de tres epifanías, de tres manifestaciones de la presencia de Dios en el mundo, y eso por medios sensibles. La razón de ser de la creación no es solamente satisfacer nuestras necesidades materiales : comer, beber, etc… E incluso, cuando ustedes comparten una comida, en familia o entre amigos, no es solamente para satisfacer necesidades « básicas ». Para una comida de fiesta ustedes van a acudir a un lenguaje simbólico para manifestar su sentido de la acogida, de la hospitalidad, de la convivencia… que no se comen ni tampoco se toman.

    Pues bien, Dios también nos habla mediante signos. Les habló a los Magos y a cada uno de nosotros  por una estrella que les permite a los paganos descubrir la presencia de Dios en el corazón de un niñito. Se habla después de una teofanía, una manifestación de  Dios en nuestro mundo.

    Otra teofanía : en el bautismo de Jesús, es la voz del Padre y la Paloma la que manifiesta el misterio de la Santísima Trinidad.
    En Caná, también, es una manifestación de Dios. Ya eso está indicado en el versículo 51 del capítulo primero : « os aseguro que veréis el cielo abierto y  a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el hijo del hombre ». es una teofanía anunciada, en futuro. En el  versículo 11 del capítulo 2 Juan precisa : « manifestó su Gloria ». Se cumplió la teofanía.

    « Manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él ». Eso, desde luego, no es más que el inicio de un largo camino que va hacia la Casa del Padre, pasando por la Cruz. Algunos quisieran no signos sino pruebas de la existencia de Dios. ¡ No ! Dios no se prueba. Se manifiesta, respetando nuestra libertad. Somos unos invitados en las Bodas del Cordero, no estamos « obligados » a nada. La prueba, al probar, nos obligaría. El signo, al manifestarse, nos invita. ¡ Cuidado con la pereza en medio de nuestra fe ! Claro que no nos corresponde cambiar  el agua por vino. Pero debemos creer que Jesús lo puede hacer y que lo hará, cuando lo quiera, es decir « hoy ». Este es nuestro primer trabajo. Ese es el trabajo en el que María sobrecumple y esa es su alegría. Pero nuestro trabajo es también sacar agua para llenar las tinajas, de « hacer todo lo que él (nos) diga » y que Jesús no lo hará por nosotros aunque eso pueda parecer totalmente inútil a nuestros ojos. Aquí también, es María nuestro guía, nuestro modelo.

    En la segunda lectura, San Pablo dice : Cada cual recibe el don de manifestar el Espíritu ». Cada uno de nosotros, haciendo todo lo que Jesús nos diga, está destinado a ser una « teofanía en actos ». La teofanía de la que nos beneficiamos todos, debemos hacer que los demás la disfruten, « para el bien de todos », dijo San Pablo. Invitado a las Bodas, debemos convertirnos en servidores en las bodas. Si cuando hay algo que hacer siempre son los mismos los que contestan, no es normal. En las Bodas de Caná, el que no hace nada es el que se desgasta. Se desgasta también el que quiere hacerlo todo solo. « Las funciones en la Iglesia son variadas, pero siempre es el mismo Señor. Son variadas las actividades, pero en todas partes es el mismo Dios el que actúa en todos ». Hay tantos invitados en las bodas y tan pocos sirvientes. Hay tanta agua que sacar para llenar las tinajas y tan poco vino. ¡Vamos, manos a la obra ! No hay vino y hay tantos  que todavía tienen sed y las Bodas acaban de empezar.

 
                            Traducción de Jean-Louis Joachim

MÃNIFESTAÇÃO EM CANÁ (Jo2, 1-12)

Walter Covens #homilias em português
2 TOC ev
    A seguir à solenidade da Epifania do Senhor, e depois da festa do seu Baptismo, neste segundo domingo do Tempo Comum (que é realmente o primeiro) acabamos de ouvir o relato das Bodas de Caná, no Evangelho de S.João. Esse é o único que fale neste episódio que situa no princípio do ministério de Jesus. Na linha daquele contexto litúrgico, vamos tentar meditar brevemente neste mistério, que é, desde há pouco anos, o segundo mistério luminoso do Rosário.

    Há, pois, um ponto comum entre aqueles três mistérios : o da Epifania, o do Baptismo de Jesus e o de Caná. Qual é esse ponto comum ? A antífona do Cântico de Zacarias do ofício de Laudes da Epifania vai guiar-nos :

« Hoje, a Igreja está unida ao Seu Esposo : Cristo, no rio Jordão purifica-a das suas culpas ; os magos trazem os seus presentes para as Bodas nupciais ; a água é transformada em vinho para a alegria dos convivas, aleluia ! »

    Isso é digno de admiração pela concisão e densidade ! Tudo fica dito, com poucas palavras. Era difícil fazer melhor. A antífona do Cântico de Maria ( o Magnificat), nas Vésperas diz mais ou menos a mesma coisa, com palavras um pouco diferentes :

« Celebramos três mistérios neste dia : hoje, a estrela guiou os Magos para o presépio ; hoje, a água foi transformada em vinho, nas Bodas de Caná ; hoje Cristo foi baptizado por João no rio Jordão para nos salvar, aleluia ! »

    Epifania, Baptismo, Bodas de Caná : esses três acontecimentos são realmente separados no tempo (e no espaço). No entanto, há uma realidade (e quero insistir sobre « realidade ») que autoriza usar da mesma palavra : « hoje » para os três ao mesmo tempo, como se fosse um só dia. Aquela realidade não é um facto, pois são três factos bem separados. Então, o que é ? É da ordem do significado dos factos, do seu simbolismo.

    Mas cuidado ! Hoje em dia, quando se diz « símbolo » ou « simbólico », pensa-se logo em « ficção » ou « factício », um pouco como se diz que alguém cedeu uma terra para uma boa obra por um euro « simbólico ». O símbolo, na plenitude do seu sentido, não é uma ficção.

    O símbolo é uma realidade. É mesmo mais real do que o próprio facto, pois exprime a realidade profunda, e só ele é quem a possa exprimir. A linguagem científica, a que estamos habituados é um « hábito »…), não pode dizer tudo. Tentai dizer na linguagem científica aquilo que sentem um rapaz e uma rapariga quando se tornam namorados. Podeis ser grandes científicos, aqueles dois jovens ficarão de certeza insatisfeitos se vos ouvirem falar assim daquilo que se passa dentro deles : como se vos morassem noutro planeta. Pelo contrário, se falardes como os grandes poetas, os namorados haverão-de correr até à livraria mais próxima para comprar o vosso livro de poemas e pedir-vos-ão para pôr a vossa assinatura.

    Vocês dir-me-ão :

« - É verdade, mas então o autor do quarto evangelho é um poeta que disse numa linguagem simbólica uma realidade profunda … De acordo ! mas os factos que ele relata não são históricos. »

    Um poeta talentuoso, isso é verdade, pode falar numa história de amor que ele inventou, tão bem como se fosse uma história verdadeira, com muita verosemelhança, uma vez que fala num certo quadro daquilo, que outras pessoas, noutros tempos e noutros lugares, puderam viver.

    Assim, a propósito das Bodas de Caná, um autor (J.Potin. « Jésus », 1995) escreveu :
« Para João os milagres não são actos de poder, como para os Sinópticos, mas são sinais, isso é « símbolos (…) O símbolo aparece mais importante do que a realidade dos factos (…) É impossível saber o que aconteceu realmente »

    De acordo com a primeira parte. Mas para a segunda, é verdade para os « apócrifas », mas não é possível para o evangelho de João. Os apócrifas são narrativas mais ou menos factícios, fabricados totalmente, para corresponder a uma necessidade, para ilustrar uma verdade de fé. Gostam muito disso as pessoas ávidas de maravilhoso, que não ficam satisfeitas ao ler os quatro Evangelhos, em especial o que diz respeito à Infância de Jesus. Aqueles escritos descrevem, por exemplo, a Sagrada Família, durante a fuga para o Egipto, a comer frutos das árvores que se inclinavam par permitir a colheita. Ou ainda o Menino Jesus em Nazaré, a transformar as pedrinhas em avezinhas, para espantar os compagneiros (enquanto que João diz que o primeiro sinal foi realizado em Caná).

Mas não é desta maneira que João relata o episódio de Caná. Não nos devemos esquecer de que João pertence ao grupo dos primeiros discípulos de Jesus, que, nas Bodas de Caná, eram cinco, e que, portanto, foi testemunha ocular. João não inventa símbolos fora da realidade. Pelo contrário, fica o mais perto possível dos factos, dos quais percebe o sentido, miraculoso ou ordinário, inclusivamente na Paixão, quando Jesus é pregado e trespassado pela espada do centurião. Com Marcos, João é o mais realista dos evangelistas. É uma testemunha discreta, modesta, anónima, e por isso muito digno de cofiança (R.Laurentin).

    Dito isso, tentemos agora ver o que os três acontecimentos ,( de que já falei, e dos quais falam as antífonas dos cânticos evangelicos da Solenidade da Epifania, como se se tratasse de um só dia) têm em comum.

    Na verdade, trata-se de três epifanias, de três manifestações da Presença de Deus no mundo, mediante factos visíveis.
    A finalidade da criação não é só dar aos homens o que lhes é preciso para as necessidades materiais : comer, beber, etc… E quando almoçais juntos, em família ou com amigos, não é só para satisfazer às chamadas necessidades « primárias ». Para uma refeição festiva, vocês usam duma linguagem simbólica para manifestar o vosso sentido de acolhimento, de hospitalidade, de convivialidade… que nem se comem nem se bebem.

    Ora, Deus também fala-nos por meio de sinais. Falou aos Magos e a cada um de nós por meio duma estrela que dá aos pagãos a possibilidade de descobrir a presença de Deus no coração dum Menino pequenino. Fala-se então duma « teofania », isso é duma manifestação de Deus no nosso mundo.

    Outra « teofania » : no Baptismo de Jesus, é a voz do Pai e a pomba que manifestam o mistério da Santíssima Trindade.

    Em Caná também há uma manifestação de Deus. Issso já está indicado no v. 51 do capítulo 1 : « Vereis os céus abertos e os anjos de Deus a subir e descer por cima do Filho do Homem ». Essa é uma « teofania » anunciada, no futuro. No v.11 do capítulo 2, João precisa : « Ele manifestou a sua Glória » : a « teofania » está cumprida.

    « Ele manifestou a sua Glória e os seus discípulos acreditaram nele » : Isto, evidentemente é só o princípio duma longa caminhada que vai para a casa do Pai, depois de passar pela Cruz. Alguns queriam não só sinais mas provas de Deus. Não ! Deus não se prova. Manifesta-se, isso sim, mas no respeito da nossa liberdade. Somos convidados para as Núpcias do Cordeiro, não somos obrigados. A prova, ao provar, obriga ; o sinal, ao manifestar, convida. Cuidado com a preguice na fé ! Está certo, não somos nós quem vamos transformar a água em vinho. Mas temos que acreditar que Jesus o pode fazer, e que o fará quando quiser, isso é : « hoje ». Aqui está o nosso primeiro trabalho. Naquele trabalho, Maria é a primeira, é mesmo a sua alegria. Mas o nosso trabalho é também tirar a água para encher as jarras, fazer « todo o que Ele (nos) disser » e que não quer fazer em nosso lugar, de o fazer mesmo que pareça totalmente inútil aos nossos olhos. Aqui também Maria é o nosso guia e o nosso modelo.

    Na segunda leitura, S.Paulo diz : « Cada um recebe o dom de manifestar o Espírito ». Cada um de nós, ao fazer todo o que Jesus nos pede, é chamado a ser uma « teofania em acto ». A teofania de que beneficiamos todos, devemos fazer com que os outros também beneficiem dela, « em vista do bem de todos », diz S.Paulo. Convidados para as Bodas, temos que nos tormarmos serventes das Bodas. Se, diante dum serviço necessário, são sempre os mesmos a responder, não é normal. Nas Bodas de Caná, é aquele que não faz nada que se estraga. Estraga-se também aquele que quer fazer tudo sózinho. « Os serviços na Igreja são diferentes, mas é sempre o mesmo Senhor. As actividades são diferentes, mas é sempe o mesmo Deus que actua em todos ». Há tantos convidados para as núpcias, e os serventes são tão poucos. Há tanta água a tirar para encher as jarras, e tão pouco vinho. Ide ao trabalho ! Não há vinho, há tanta gente com sede, e as Bodas só estão a começar !



Openbaring in Kana (Joh. 2, 1-12) - Tweede zondag door het jaar C

Walter Covens #Homilieën in het Nederlands
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  Na de plechtige openbaring van de Heer en het feest van zijn Doopsel hoorden we op deze tweede zondag door het kalenderjaar (eigenlijk de eerste zondag) het verhaal van de Bruiloft van Kana uit het Evangelie van de heilige Johannes. Hij is de enige die vertelt over deze gebeurtenis als eerste van de wonderen van Jezus.  In deze liturgische context gaan we proberen om kort na te denken over dit mysterie, dat enkele jaren geleden het tweede mysterie van de rozenkrans is geworden.    

    Er bestaat immers een overeenkomst tussen deze drie mysteries : de Openbaring, het Doopsel en de Bruiloft van Kana. Welke overeenkomst ? De keervers van de lofzang van Zacharias in het Getijdengebed van de Lauden van de Openbaring zet ons op het juiste spoor:
 
Vandaag wordt de Kerk verenigd met haar Gemaal : Christus, in de Jordaan, reinigt haar van haar zonden, de wijzen brengen geschenken naar de koninklijke bruiloft, het water wordt in wijn veranderd, tot vreugde van de feestgangers, halleluja.

    Het is opmerkelijk hoe beknopt en veelzeggend dit is ! Alles wordt verteld in weinig woorden. Moeilijk om beter te doen. De keervers van de lofzang van Maria (het Magnificat) in de dienst van de Vespers zegt hetzelfde maar op een iets andere manier :
 
We vieren vandaag drie mysteries : vandaag leidde de ster de wijzen naar de kribbe ; vandaag werd water in wijn veranderd op de bruiloft van Kana ; vandaag werd Christus gedoopt door Johannes in de Jordaan om ons te redden, halleluja.

    Openbaring, Doopsel, Bruiloft van Kana : deze drie gebeurtenissen vinden vanzelfsprekend op verschillende tijdstippen plaats (en op verschillende plaatsen). Toch is er een realiteit (en ik leg de nadruk op ‘realiteit’) die het mogelijk maakt om voor alle drie het woord ‘vandaag’ te gebruiken, alsof ze op één en dezelfde dag plaatsvinden. Deze realiteit is geen feit, want het gaat wel degelijk over drie verschillende feiten. Wat is die realiteit dan wel ? De realiteit zit ‘m in de betekenis van deze feiten, in hun symboliek.
 
    Maar let op! Tegenwoordig wordt onder ‘symbool’ of ‘symboliek’ altijd ‘fictie’ of ‘fictief’ verstaan, een beetje als wanneer men zegt dat iemand een grond voor een goed doel heeft afgestaan voor een ‘symbolische’ euro. Het symbool, in de ware betekenis van het woord, is geen fictie.

    Het symbool is realiteit. Het is zelfs reëler dan een simpel feit, omdat het de diepe werkelijkheid uitdrukt en omdat alleen het symbool deze diepe werkelijkheid kan uitdrukken. Het wetenschappelijke taalgebruik waaraan we gewend zijn (het is een bijna een verslaving...) slaagt er niet in om alles uit te drukken. Probeer maar eens in wetenschappelijke taal uit te drukken wat een jongeman en een jong meisje voelen wanneer ze verliefd worden op elkaar. Wat uw wetenschappelijke bekwaamheden ook zijn, deze twee jonge mensen zullen onvermijdelijk op hun honger blijven zitten wanneer ze u op deze manier horen beschrijven wat er tussen hen en in hen gebeurt, alsof u van een andere planeet kwam. Maar probeert u het als de grote dichters, dan zullen de twee geliefden naar de dichtst bijzijnde bibliotheek hollen om uw gedichtenbundel te kopen en u te vragen die aan hen op te dragen.    

    U zult zeggen :    

- Ja, maar de schrijver van het vierde evangelie is een dichter die erin is geslaagd om in beeldende taal een diepe realiteit uit te drukken. Akkoord... maar de feiten waarover hij vertelt, zijn geen historische feiten.

    Dat klopt, een getalenteerde dichter kan vertellen over een ingebeeld liefdesverhaal alsof het een waargebeurd verhaal was, met een grote geloofwaardigheid, omdat hij datgene wat andere personen, in andere tijden en op andere plaatsen hebben kunnen meemaken, kan overbrengen naar een ander kader.       

    Zo schreef een schrijver (J. Potin, Jésus, 1995) over de Bruiloft van Kana:
Voor Johannes zijn de wonderen geen machtsvertoon, zoals bij de synoptische evangeliën, maar tekenen, of anders gezegd : symbolen (...). Het symbool loopt gelijk met de realiteit van feiten (...). Onmogelijk om te zeggen wat er echt is gebeurd.

    Ik ben het eens met het eerste deel. Het tweede deel is waar voor de apocriefen, maar zeker niet voor het Evangelie van Johannes. De apocriefen zijn min of meer fictieve verhalen, die werden bedacht «voor de noden van de reden », om een geloofswaarheid te illustreren. Om de mensen, die wonderen willen zien, plezier te doen, omdat ze in de vier Evangeliën op hun honger blijven zitten, zeker wat betreft de hele kindertijd van Jezus. Deze verhalen beschrijven bijvoorbeeld de Heilige Familie tijdens de vlucht uit Egypte, terwijl ze zich voeden met vruchten van de bomen, waarvan de takken voor hen neerbuigen zodat ze de vruchten kunnen plukken. Of het kindje Jezus in Nazareth, dat keien omtovert in kleine vogeltjes, gewoon om zijn vriendjes te verbazen (terwijl Johannes ons zegt dat Jezus zijn eerste mirakel pas in Kana deed).    

    Maar het is niet op die manier dat Johannes ons het verhaal van Kana vertelt. We mogen niet vergeten dat Johannes een van de eerste apostelen van Jezus was, die op de bruiloft van Kana nog maar met vijf waren, en dus ooggetuige was.
 
Hij maakt geen onrealistische symbolen. Hij blijft dicht bij de feiten, waarbij hij doordringt tot in de onderliggende betekenis, wonderlijk of alledaags, hierbij inbegrepen het Lijden, wanneer Jezus aan het kruis wordt genageld en doorboord door de lans van de honderdman. Samen met Marcus is hij de meest realistische van de evangelisten. Hij is een discrete getuige, bescheiden, anoniem en daardoor des te meer geloofwaardig. (R. Laurentin)

    Laten we, nu dit duidelijk is, trachten te ontdekken wat de drie gebeurtenissen, waarover ik u heb verteld en waarover de keerverzen van de evangelische lofzangen van de Plechtige Openbaring spreken alsof ze op één en dezelfde dag geschiedden, gemeen hebben.

    In werkelijkheid (en dit mag letterlijk worden genomen) gaat het hier om drie openbaringen, drie uitingen van de Aanwezigheid van God in de wereld, en dit op een tastbare manier. De reden waarom men deel uitmaakt van de schepping, is niet enkel om te voorzien in zijn materiële behoeftes: eten, drinken, enz... En zelfs wanneer u samen eet, met familie of vrienden, doet u dat niet alleen om te voldoen aan uw « primaire » behoeftes. Voor een feestmaal doet u beroep op een symbolische taal om uw onthaal, uw gastvrijheid, uw gezelligheid uit te drukken... allemaal aspecten die niet te eten of te drinken zijn.

    Wel nu, ook God spreekt tot ons in tekenen. Hij sprak tot de Wijzen (en tot ieder van ons) door middel van een ster, die het de heidenen mogelijk maakte om de aanwezigheid van God te ontdekken in het hart van een klein kindje. In dit geval spreekt men over een theofanie, de openbaring van God in onze wereld.
 
    Een andere theofanie : bij het Doopsel van Jezus is het de Stem van de Vader en de Heilige Geest die het mysterie van de Heilige Drievuldigheid openbaart.     

    Ook in Kana gaat het om een openbaring van God. Dat wordt al aangegeven in vers 51 van het eerste hoofdstuk: "Ik zeg ulieden, gij zult de hemel open zien en de engelen Gods opstijgen en nederdalen op de Zoon des mensen." Dit is een aangekondigde theofanie in de toekomst. In vers 11 van hoofdstuk 2 preciseert Johannes : "Hij heeft zijn Heerlijkheid geopenbaard". En de theofanie wordt werkelijkheid.

    "Hij heeft zijn Heerlijkheid geopenbaard, en zijn discipelen geloofden in Hem". Dit is vanzelfsprekend slechts het begin van een lange weg naar het Huis van de Heer, die loopt langs het Kruis. Sommigen willen geen tekenen zien, maar harde bewijzen. Nee ! God is niet te bewijzen. Hij openbaart zich, maar respecteert onze vrijheid. Wij zijn genodigden aan de Bruiloft van het Lam, maar we zijn niet « verplicht » te komen. Het bewijs, door het te bewijzen, vormt een verplichting; het teken, door zich te openbaren, vormt een uitnodiging. Let op voor luiheid in het geloof ! Zeker, het is niet aan ons om water in wijn te veranderen. Maar we moeten geloven dat Jezus het kan, en dat hij het ook zal doen, wanneer hij dat wil; dat wil zeggen “vandaag”! Dat is onze eerste taak. Het is deze taak waarin Maria uitmunt, en dat is haar geluk. Maar onze taak is ook om het water te putten om de kruiken te vullen, om «allles te doen wat hij (ons) zegt » en om alles te doen wat Jezus niet in onze plaats zal doen, zelfs wanneer dat ons nutteloos lijkt. Ook hierin is Maria onze gids en ons voorbeeld.    

    In de tweede lezing zegt Sint-Paulus : "Aan een ieder wordt de openbaring van de Geest gegeven". Door alles te doen wat Jezus ons zegt, wordt een ieder van ons geroepen om een «theofanie in daden » te worden. De theofanie waarvan wij allen genieten, daarvan moeten wij ook de anderen laten genieten, « tot welzijn van allen », zegt Paulus. Als genodigden van de bruiloft, moeten we bedienden van de bruiloft worden. Wanneer er een dienst moet worden verleend, zijn het steeds dezelfden die antwoorden, dat is niet normaal. Op de bruiloft van Kana is het diegene die niets doet, die uitgeput raakt. Uitgeput raakt ook diegene die alles alleen wil doen. "De functies van de Kerk zijn uiteenlopend, maar het is steeds dezelfde Heer. De activiteiten zijn uiteenlopend, maar het is overal dezelfde Heer die werkt in allen ». Er zijn zovele genodigden op de bruiloft en zo weinig dienaars. Er is zoveel water om de kruiken te vullen en zo weinig wijn. Dus : aan het werk ! Er zijn zovelen die dorst hebben, er is geen wijn meer, en de bruiloft gaat pas beginnen.
 

Manifestation à Cana ! - Homélie 2° dimanche du Temps Ordinaire C

dominicanus #Homélies Année C 2012-2013

 

2 TOC ev
 
 
    Après la solennité de l'Épiphanie du Seigneur et après la fête de son Baptême, voici qu'en ce deuxième dimanche du Temps Ordinaire (en fait le premier) nous venons d'entendre le récit des Noces de Cana dans l'Évangile de S. Jean. Il est le seul à nous rapporter cet épisode qu'il situe au début du ministère de Jésus. C'est en tenant compte de ce contexte liturgique que nous allons essayer de méditer brièvement ce mystère, devenu il y a quelques années le deuxième mystère lumineux du S. Rosaire.

    Il y a, en effet, un point commun entre ces trois mystères: celui de l'Épiphanie, celui du Baptême et celui de Cana. Quel est ce point commun? L'antienne du Cantique de Zacharie de l'Office des Laudes de l'Épiphanie nous mettra sur la piste:
 
Aujourd'hui, l'Église est unie à son Époux: le Christ, au Jourdain, la purifie de ses fautes, les mages apportent leurs présents aux noces royales, l'eau est changée en vin, pour la joie des convives, alléluia.

    C'est admirable de concision et de densité! Tout est dit, en peu de mots. Difficile de faire mieux. L'antienne du Cantique de Marie (le Magnficat) à l'Office de Vêpres dit la même chose d'une manière un peu différente:
 
Nous célébrons trois mystères en ce jour: aujourd'hui l'étoile a conduit les mages vers la crèche; aujourd'hui l'eau fut changée en vin aux noces de Cana; aujourd'hui le Christ a été baptisé par Jean dans le Jourdain pour nous sauver, alléluia.

    Épiphanie, Baptême, Noces de Cana: ces trois évènements sont évidemment des évènements bien distincts dans le temps (et dans l'espace). Pourtant il y a une réalité (et j'insiste sur "réalité") qui permet de dire pour les trois en même temps: "aujourd'hui", comme si c'était un seul et même jour. Cette réalité, ce n'est pas un fait, car il s'agit de trois faits bien distincts. Alors qu'elle est-elle? Elle est de l'ordre de la signification de ces faits, de leur symbolisme.

    Mais attention! Aujourd'hui, quand on dit "symbole" ou "symbolique", on pense tout de suite à "fiction" ou "ficitf", un peu comme quand on dit que quelqu'un a cédé un terrain au bénéfice d'une bonne oeuvre pour un euro "symbolique". Le symbole, au sens fort du mot, n'est pas une fiction.

    Le symbole, c'est la réalité. C'est même plus réel que le fait brut, si j'ose dire, car il exprime la réalité profonde, et il est le seul à pouvoir l'exprimer. Le langage scientifique, auquels nous sommes accoutumés (c'est une accoutumance...), ne permet pas de tout dire. Essayez de dire en langage scientifique ce que ressentent un jeune homme et une jeune fille quand ils "tombent" amoureux l'un de l'autre. Quelles que soient vos compétences scientifiques, ces deux jeunes gens resteront immanquablement sur leur faim s'ils vous écoutaient décrire de cette manière ce qui se passe en eux, comme si vous viviez sur une autre planète. Mais si vous le faites comme les grands poètes, les deux amoureux se précipiteront à la librairie la plus proche pour acheter votre recueil de poèmes en vous demandant de le leur dédicacer.

    Vous me direz:

- Oui, mais alors l'auteur du quatrième évangile c'est un poète qui est arrivé a exprimer en langage imagé une réalité profonde. D'accord... Mais les faits qu'il rapporte ne sont pas historiques.

    Un poète talentueux, c'est vrai, peut parler d'une histoire d'amour qu'il a inventée, comme si c'était une histoire réelle, avec beaucoup de vraisemblance, parce qu'il transpose dans un certain cadre ce que d'autres personnes, en d'autres temps et en d'autres lieux, ont pu vivre.

    Ainsi, à propos des noces de Cana, un auteur (J. Potin, Jésus, 1995) a écrit:
 
Pour Jean les miracles ne sont pas des actes de puissance, comme chez les Synoptiques, mais des signes, c'est-à-dire des symboles (...). Le symbole prend le pas sur la réalité des faits (...). Impossible de savoir ce qui s'est réellement passé.

    D'accord pour la première partie. Pour la deuxième, c'est vrai pour les apocryphes, mais certainement par pour l'Évangile de Jean. Les apocryphes sont des récits plus ou moins fictifs fabriqués de toute pièce, "pour les besoins de la cause", pour illustrer une vérité de foi. S'en délectent les gens, avides de merveilleux, qui, en lisant les quatre Évangiles, restent sur leur faim, en particulier pour ce qui concerne toute la période de l'enfance de Jésus. Ces écrits nous décrivent, par exemple, la Sainte Famille lors de la fuite en Égypte se nourrissant des fruits des arbres qui se penchaient devant eux pour leur permettre de les cueillir. Ou encore l'enfant Jésus à Nazareth qui change les cailloux en petits oiseaux, juste pour épater les copains (alors que Jean nous dit que c'est à Cana que Jésus accomplit son premier signe).

    Mais ce n'est pas ainsi que Jean nous raconte l'épisode de Cana. Il ne faut pas oublier que Jean fait partie des premiers disciples de Jésus, qui, aux noces de Cana étaient au nombre de cinq, et qu'il est donc témoin oculaire. Il
 
ne crée pas les symboles hors de la réalité. Il se tient au plus près des faits, dont il pénètre le sens, miraculeux ou ordinaire, y compris la Passion, où Jésus est cloué et transpercé par la lance du centurion. Avec Marc, il est le plus réaliste des évangélistes. C'est un témoin discret, modeste, anonyme et d'autant plus crédible. (R. Laurentin)

    Ceci étant précisé, essayons maintenant de voir ce que les trois évènements dont je vous ai parlé, et dont parlent les antiennes des cantiques évangéliques de la Solennité de l'Épiphanie comme si c'était un seul jour, ont en commun.

    Il s'agit en réalité (c'est le cas de le dire) de trois épiphanies, de trois manifestations de la Présence de Dieu dans le monde, ceci par des moyens sensibles. La raison d'être de la création n'est pas seulement de pourvoir à nos besoins matériels: manger, boire, etc... Et même quand vous prenez un repas ensemble, en famille ou entre amis, ce n'est pas seulement pour saisfaire vos besoins dits "primaires". Pour un repas de fête, vous allez faire appel à un langage symbolique pour manifester votre sens de l'accueil, de l'hospitalité, de la convivialité ... qui ne se mangent ni ne se boivent.

    Eh bien, Dieu, lui aussi, nous parle par des signes. Il a parlé aux Mages et à chacun de nous par une étoile qui permet aux païens de découvrir la présence de Dieu dans le coeur d'un petit enfant. On parle alors d'une théophanie, une manifestation de Dieu dans notre monde.

    Autre théophanie: au Baptême de Jésus, c'est la Voix du Père et la Colombe qui manifeste le mystère de la Très Sainte Trintité.

    À Cana, aussi, c'est une manifestation de Dieu. Cela est déjà indiqué au verset 51 du chapitre premier: "Vous verrez les cieux ouverts et les anges de Dieu qui montent et qui descendent au-dessus du Fils de l'homme." C'est une théophanie annoncée, au futur. Au verset 11 du chapitre 2 Jean précise: "Il manifesta sa Gloire". La théophanie est accomplie.

    "Il manifesta sa gloire, et ses disciples crurent en lui". Ce n'est évidemment que le début d'un long cheminement qui va vers la Maison du Père en passant par la Croix. Certains voudraient non pas des signes, mais des preuves de Dieu. Non ! Dieu ne se prouve pas. Il se manifeste, mais en respectant notre liberté. Nous sommes des invités aux Noces de l'Agneau, pas des "obligés". La preuve, en prouvant, oblige; le signe, en manifestant, invite. Attention à la paresse dans la foi! Certes, ce n'est pas à nous de changer l'eau en vin. Mais nous devons croire que Jésus peut le faire, et qu'il le fera, quand il voudra, c'est-à-dire: "aujourd'hui". Voilà notre premier travail. C'est ce travail dans lequel Marie excelle, et c'est son bonheur. Mais notre travail, c'est aussi de puiser l'eau pour remplir les cuves, de "faire" "tout ce qu'il (nous) dira" et que Jésus ne fera pas à notre place, de le faire, même si cela paraît totalement inutile à nos yeux. Ici aussi, c'est Marie qui est notre guide et notre modèle.

    Dans la deuxième lecture S. Paul dit: "Chacun reçoit le don de manifester l'Esprit". Chacun de nous, en faisant tout ce que Jésus nous dira, est appelé à devenir une "théophanie en acte". La théophanie dont nous bénéficions tous, nous devons en faire bénéficier les autres, "en vue du bien de tous", dit S. Paul. Invité aux noces, nous devons devenir serviteurs des noces. Si, quand il y a un service à rendre, ce sont toujours les mêmes qui répondent, ce n'est pas normal. Aux noces de Cana, c'est celui qui ne fait rien qui s'use. S'use également celui qui veut tout faire tout seul. "Les fonctions dans l'Église sont variées, mais c'est toujours le même Seigneur. Les activités sont variées, mais c'est partout le même Dieu qui agit en tous." Il y a tant d'invités aux noces, et si peu de serviteurs. Il y a tant d'eau à puiser pour remplir les cuves, et si peu de vin. Allez, au travail ! Il n'y a pas de vin, il y en a tant qui ont encore soif, et les Noces ne font que commencer.

 

Savoir apprécier les bonnes choses de la vie - Homélie 2° dimanche du Temps Ordinaire C

dominicanus #Homélies Année C (2009-2010)
Quand nous perdons l’équilibre, nous n’arrivons plus à apprécier ces bonnes choses de la vie...

Quand nous perdons l’équilibre, nous n’arrivons plus à apprécier ces bonnes choses de la vie...

Jésus et ses disciples sont allés à une réception de mariage. Ce n’est pas un petit détail. Et pour que nous ne l’ignorions pas, la première lecture de l’Ancien Testament le répète. Dieu nous dit que la relation qu’il désire avoir avec nous, avec son Eglise et chaque membre de cette Eglise, est une relation intime – une vraie intimité de personne à personne – une relation joyeuse et féconde. Il nous dit que sa grâce nous conduit à une étreinte joyeuse – comme l’étreinte de deux nouveaux mariés.

 

Le prophète Isaïe dit :

 

« le Seigneur met en toi sa préférence et ta contrée (c’est une image de l’Eglise) aura un époux. Comme un jeune homme épouse une jeune fille, celui qui t'a construite t'épousera. Comme la jeune mariée est la joie de son mari, ainsi tu seras la joie de ton Dieu. »

 

Toutes les bonnes choses de notre vie ici sur terre sont des cadeaux de Dieu. Elles nous parlent de Dieu, et elles nous fournissent des indications qui nous permettent de pressentir ce qu’est la vie en profonde communion avec lui.

 

Si déjà ses cadeaux nous procurent tant de joie, imaginez les délices que nous pouvons éprouver quand nous le possédons lui-même en personne. C’est bien ce qu’il veut, ici, maintenant, imparfaitement, et un jour, parfaitement et pour toujours, au ciel. Trop souvent nous pensons à Dieu comme quelqu’un qui est loin de nos joies saines et de nos activités humaines. Jésus n’est pas venu uniquement pour nous enseigner de la théologie, mais pour amener la condition humaine intégrale à sa plénitude.

 

Fêter, jouir des bonnes choses de la création (comme le mariage et le vin), cela fait partie de la nature humaine, et le Christ veut nous apprendre à en jouir d’une manière équilibrée, saine. Plus nous le connaîtrons, et mieux nous pourrons faire l’expérience de la vie qu’il nous a donnée. Voici ce que nous enseigne le Catéchisme de l’Eglise catholique (1809) :

 

« La tempérance est la vertu morale qui modère l’attrait des plaisirs et procure l’équilibre dans l’usage des biens créés. Elle assure la maîtrise de la volonté sur les instincts et maintient les désirs dans les limites de l’honnêteté. La personne tempérante oriente vers le bien ses appétits sensibles, garde une saine discrétion et " ne se laisse pas entraîner pour suivre les passions de son cœur " (Si 5, 2 ; cf. 37, 27-31). La tempérance est souvent louée dans l’Ancien Testament : " Ne te laisse pas aller à tes convoitises, réprime tes appétits " (Si 18, 30). Dans le Nouveau Testament, elle est appelée " modération " ou " sobriété ". Nous devons " vivre avec modération, justice et piété dans le monde présent " (Tt 2, 12). »

 

Sainte Thérèse d’Avila avait coutume de dire à ses sœurs religieuses : "Un saint triste est un triste saint" ("Un santo triste es un triste santo"). Saint François de Sales, lui aussi, ne cessait de le répéter. Un chrétien dont la foi est arrivée à maturité sait reconnaître l’omniprésence de l’amour de Dieu, toute sa bonté qui transparaît dans les beautés de tous les jours et les plaisirs de la vie. C’est une des conditions pour pouvoir rester joyeux au milieu des épreuves, et c’est ce que tous les saint ont appris.

 

http://kosova.albemigrant.com/wp-content/uploads/2008/08/at-anton-luli-2.bmp

 

 

Le R.P. Anton Luli SJ (sur la photo, avec Jean Paul II) est l’un de ces héros méconnus de l’Eglise qui a souffert des atrocités impensables sous le régime communiste dans les décennies après la Deuxième Guerre Mondiale. Il est arrêté aussitôt après l’arrivée au pouvoir des communistes en Albanie. Tous les prêtres ont alors été arrêtés dans un effort d’écraser l’Eglise et toutes les religions pour pouvoir établir un état athée. Le Père Luli a alors passé 38 années en prison, avec des périodes d’enfermement solitaire  et de camp de travail. Sa première prison est une petite salle de bains avec des toilettes qui n’avaient pas été nettoyées depuis des semaines. C’est là qu’il a vécu pendant huit mois, ne sortant que pour des interrogatoires et des séances de torture pour qu’il renonce sa foi. Mais en vain. Alors il est envoyé dans un camp de travail où il a survécu avec un pain par jour en travaillant depuis le lever jusqu’au coucher de soleil pour assécher un marais.

 

Plus tard, quand le régime communiste a fini par s’écrouler, et quand sa persévérance dans la foi avait fait de lui un symbole d’héroïsme pour tous les croyants en Albanie, il a décrit comment il a prié tout au long de ces années de travail en captivité. On ne lui permettait pas de prendre du temps pour la prière. Mais il disait que, tout en travaillant dans le marais, il observait la végétation. Il regardait comment les plantes poussaient, jour après jour. Il a vu comment elles absorbaient l’eau, comment elles se tournaient vers la lumière, comment chaque espèce de plantes avait sa manière bien à elle de survivre dans cet environnement hostile.

 

C’est en admirant tous les jours la beauté de la création qu’il a pu rester en contact avec l’amour de Dieu ; les petites joies de la vie ont permis à son espérance de survivre dans son cœur et lui ont permis de garder le sourire, même dans les moments les plus sombres.

 

Dieu veut que nous appréciions les bonnes choses de la vie, tout comme les invités aux noces de Cana ont apprécié l’eau changée en vin. Il veut que nous le trouvions dans ces choses-là, mais il veut aussi que nous en profitions comme il faut. Car nous vivons dans un monde déchu, et nous avons tous des appétits déréglés, des tendances mauvaises, égoïstes, suite au péché originel. Nous ne pouvons pas donner libre cours à ces tendances. Nous devons nous discipliner, garder l’équilibre. Apprécier les bonnes choses de la vie, mais convenablement, avec mesure, comme des manières d’apprécier l’amour de Dieu, mais sans en faire des idoles.

 

Mais comment ? Comment garder l’équilibre, quand tout autour de nous nous pousse aux excès et à l’égocentrisme ?

 

Le premier pas, c’est de reconnaître que nous sommes déséquilibrés. Trois signes nous permettent de le constater :

 

  1. Nous savons qui nous avons perdu l’équilibre quand les plaisirs de la vie interfèrent avec nos responsabilités – quand, par exemple, le match de football à la télévision devient une source de conflits entre les époux, cela ne glorifie pas Dieu.
  2. Nous savons que nous avons perdu l’équilibre quand nos plaisirs et nos responsabilités interfèrent avec le temps de la prière – quand nous passons tout notre temps libre à construire ou à aménager notre maison, et qu’il ne reste plus de temps pour la messe et pour la prière, nous allons tout droit dans le mur. Saint François de Sales disait : "Une demi-heure de méditation est essentielle, sauf quand on est très occupé. Alors une heure est nécessaire."
  3. Nous savons que nous avons perdu l’équilibre quand nous n’arrivons plus à rire de nos bêtises, quand des petits incidents deviennent l’occasion de grandes disputes. C’est que nous avons perdu Dieu de vue.

 

Quand nous perdons l’équilibre, nous n’arrivons plus à apprécier ces bonnes choses de la vie, les plaisirs et les beautés de la vie, dont Dieu a voulu nous faire cadeau pour que nous puissions en jouir.

 

Aujourd’hui, en dirigeant notre cœur et notre esprit vers le Christ durant cette Eucharistie, en le recevant dans la Sainte Communion, demandons-lui de nous aider à vivre comme il le veut, et de rétablir l’équilibre dans notre vie. Et s’il suggère quelque chose à notre conscience, ne soyons pas effrayés. Il sait ce qui est bon pour nous, car c’est lui qui nous a faits.

 

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